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lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Potencia o Botín? Venezuela, una pieza en el ajedrez energético global

Carlos Mendoza Pottellá


Trabajos especiales 1A propósito de los recientes incidentes que han vuelto a colocar en el primer plano noticioso las reclamaciones venezolanas sobre el territorio Esequibo, que nos fuera birlado en el laudo tramposo de 1899 en París, vuelve a ser pertinente recordar y desmenuzar los designios geopolíticos foráneos subyacentes en todos los conflictos internacionales en los cuales ha estado involucrado nuestro país, por acción, omisión o propia naturaleza, desde finales del Siglo XIX hasta el presente.
Baste recordar nuestra última guerra civil, 1901-1903, concluida con dos batallas, de 2.000 muertos cada una, en La Victoria y Ciudad Bolívar. Esa fementida Revolución Libertadora fue financiada por la New York & Bermúdez en respuesta a la anulación de su concesión sobre el lago de asfalto de Guanoco por el impago –desde 1880- de sus compromisos con el Estado venezolano. En esa empresa subversiva participaron también intereses ingleses y franceses, “coincidiendo” además con el bloqueo naval de 1902 por parte de buques alemanes, ingleses e italianos, resuelto por la intervención norteamericana a solicitud del Presidente Cipriano Castro y en aplicación de la Doctrina Monroe. (America for the Americans, aclarando que americanos son los ciudadanos de los Estados Unidos de ese continente)
La sincronía de estos acontecimientos con el malhadado Laudo de París que nos ocupa, en el que norteamericanos e ingleses se sirvieron a placer estableciendo límites que respetaban sus particulares intereses, en desmedro de los legítimos títulos de Venezuela, es una prueba fehaciente de la situación de extrema indefensión en la que se encontraba entonces el país frente al conjunto de potencias imperiales que se disputaban espacios coloniales a nivel global.
Porque fue precisamente la aplicación de la Doctrina Monroe la que determinó el resultado de mutua conveniencia anglo-norteamericana que registra el mapa que insertamos, en el cual se observan también las aspiraciones máximas de Inglaterra -que incluían regiones con potencial aurífero, tales como El Callao, Upata, Tumeremo y Guasipati-  y los  títulos históricos de Venezuela.
Trabajos especiales 2
Todos los eventos mencionados, en particular el conflicto con la Bermúdez Company, fueron la puesta en escena de lo que sería el paradigma de las relaciones de nuestro país con las corporaciones petroleras y sus respectivas metrópolis desde entonces y hasta nuestros días. Porque esa es la naturaleza del país que somos a la que hacíamos referencia antes: la condición de depositario de una inmensa riqueza hidrocarburífera por la que pujaron y pujarán todos los poderes mundiales.










Leer completo aquí:  http://www.cntq.gob.ve/documentos/Foro/ponencia1.pdf

miércoles, 20 de mayo de 2015

Se abre el grifo petrolero en el Ártico



Por: Gerardo Honty
Alai

El Departamento del Interior de Estados Unidos aprobó el pasado lunes 11 de mayo el plan de Shell para la explotación de petróleo en el mar de Chukchi, frente a las costas de Alaska.  Es una decisión que parece ir en contra de la política climática y ambiental que el gobierno de Estados Unidos ha dicho promover, y resulta un duro mensaje al mundo en general en el año en que se espera alcanzar un acuerdo climático.

La explotación de las reservas en el Océano Ártico tiene el potencial de liberar un adicional de 15,8 mil millones de toneladas de CO2 a la atmósfera (equivalente a las emisiones de todos los automóviles de Estados Unidos durante 13 años) y el aumento de las concentraciones globales de CO2 en 7,44 partes por millón[1].

La Secretaria Ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, Christiana Figueres dijo que no haría comentarios sobre los detalles de la decisión de Estados Unidos.  Pero, hablando en general, dijo que el gasto de enormes sumas para extraer combustibles fósiles de entornos remotos - lo que ella denomina "inversiones de carbono de alto costo" - es una propuesta arriesgada.  "Hay una creciente cantidad de análisis que apunta al hecho de que tenemos que mantener la gran mayoría de los combustibles fósiles bajo tierra"[2].  Y agregó: "Uno tiene que cuestionar la prudencia de seguir adelante con este tipo de inversiones"[3].

Pero para Shell, mantener el petróleo bajo tierra es imposible.  Ben van Beurden, el presidente ejecutivo Shell, dijo al Washington Post que el petróleo y el gas seguirán siendo necesarios, incluso si la energía solar y eólica expanda a tasas espectaculares.  "Uno podría decir, 'no te preocupes, todo va a ser suministrado por fuentes renovables' pero eso es una fantasía. Si nos fijamos en el escenario más optimista, el 75 por ciento de que la demanda de energía hacia la mitad de este siglo, viene de fuentes fósiles".

El Ártico
Se estima que la región contiene un 20% del petróleo y gas natural no descubiertos en el mundo (23.6 mil millones de barriles de petróleo y 104.41 billones de pies cúbicos de gas) y la compañía espera iniciar la perforación a mediados de año.

Pero el mar de Chukchi es un lugar difícil y peligroso para perforar. La zona es extremadamente remota, a cientos de kilómetros de cualquier ciudad o puerto de aguas profundas, en medio de un mar a temperaturas extremas y olas de 20 pies, lo que hace compleja una acción rápida en caso de un accidente.  El desastre de la plataforma Deepwater Horizon de BP ocurrido en abril de 2010, que ya ha costado más de 14 mil millones de dólares en tareas de limpieza que aún no terminan, parece no haber servido de escarmiento.

Y la probabilidad de que un accidente ocurra es bastante alta.  Según la propia oficina federal estadounidense encargada de evaluar los riesgos del proyecto de Shell, hay un 75% de posibilidades de que ocurra un derrame mayor a 1000 barriles de petróleo[4].

Los antecedentes de Shell no son buenos en la zona.  En 2012 la empresa se vio obligada a evacuar su plataforma Kulluk, luego de encallar cerca de la isla Sitkalidak, en Alaska.  El mismo año, el Noble Discoverer -uno de los barcos de perforación que Shell planea volver usar ahora- tuvo que responder por varios delitos y violaciones de seguridad y ambientales que lo llevaron a pagar multas por 8 millones de euros[5].

¿Por qué ahora?
El precio del petróleo viene cayendo desde hace un año (más de un 50% desde junio del año pasado) y la explotación en áreas de difícil acceso como las arenas bituminosas de Alberta, sitios de aguas profundas de Brasil y pozos costa afuera en el Ártico, es demasiado costosa.  Entre marzo de 2013 y marzo de 2014 las 127 empresas petroleras más relevantes a nivel mundial habían sumado ventas por USD 568 mil millones (MM) pero habían gastado USD 677 MM.  La diferencia de USD 110 MM fue cubierta aumentando el endeudamiento (USD 106 MM) y venta de activos (USD 73MM) de manera de asegurar dividendos a los accionistas[6].

En los últimos 4 años las compañías productoras de petróleo no convencional en Estados Unidos han presentado pérdidas por USD 21 MM aún en tiempos en que el promedio de precios fue de USD 95 por barril de petróleo[7].

Es un panorama que parecería bastante desalentador para la industria, pero Shell ya lleva gastados USD 6 mil millones en el Ártico y apuesta al aumento de la demanda y a la suba de los precios.  Ann Pickard, vice presidente de la empresa en el Ártico, lo ha explicado de esta manera: "Aunque el precio del petróleo se ha desplomado desde agosto pasado, Shell no cree que los precios se mantendrán bajos en el largo plazo. La producción de los campos existentes está cayendo a una tasa promedio del 5 por ciento al año por lo que la necesidad de una nueva oferta podría ser de hasta cinco millones de barriles al día por lo menos hasta 2030. Tenemos que planificar con mucha antelación y los recursos del Ártico son fundamentales para esta planificación"[8].

Shell, al igual que todas las empresas del petróleo, se enfrentan al problema del "pico" del petróleo convencional y la necesidad de abrir nuevas fronteras no convencionales a pesar del riesgo que eso implica.  La producción de las 5  mayores petroleras mundiales (BP, Exxon, Chevron, Shell y Total) ha caído casi un 30% en los últimos 10 años (hoy producen menos de 8 Mb/d).[9]

Impacto en la negociación climática
La autorización por parte del gobierno de Estados Unidos a la empresa Shell para explotar el petróleo del Ártico parece irracional.  Va en contra de la política climática del propio gobierno y pone en alto riesgo uno de sus ecosistemas más frágiles en una explotación que a priori va a dar pérdidas.  El supuesto que parece haber detrás de la decisión es que el mundo va a continuar aumentando su consumo de petróleo, a un precio de al menos el doble del actual y más allá de las certezas del descalabro climático.

Esta es una señal que no va a pasar inadvertida entre los delegados que se reunirán dentro de dos semanas en Bonn a debatir un acuerdo climático global.  Este diciembre se espera alcanzar un nuevo protocolo en el marco de la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas, y esta intersesional que se llevará a cabo del 1 al 11 de junio en la ciudad alemana, es clave para identificar los avances en las negociaciones.

La decisión de Obama le quita credibilidad (si es que alguna le quedaba) a las intenciones del gobierno de Estados Unidos de alcanzar un acuerdo global y vinculante que evite un aumento de la temperatura global del planeta más allá de los 2°C.  Si las expectativas eran bajas, este nuevo escenario parece llevarlas al nivel del subsuelo.

Gerardo Honty es analista de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social)




[2] Figures hace referencia a los informes de la Agencia Internacional de la Energía que aseguran que para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC dos tercios de las reservas de petróleo deben permanecer bajo tierra. (http://www.iea.org/publications/freepublications/publication/Spanish.pdf)

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Configura la caída del precio del petróleo un nuevo escenario geopolítico global?


Ariel Noyola Rodríguez
Gabriela Riveros Medina
Alai

La sobreproducción en el ámbito mundial, la caída de la demanda debido a la desaceleración del crecimiento global, el alza de las cotizaciones del dólar, así como la explotación a través del aceite que otorga el hidrocarburo esquisto bituminoso (grupo de rocas sedimentarias con la suficiente abundancia en material orgánico querógeno como para producir petróleo a través de la destilación), son factores que han repercutido en la caída sostenida de las cotizaciones del oro negro desde mediados de 2014.

Es indudable que la abrupta disminución del precio ha generado incertidumbre en los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), mismos que sostienen sus presupuestos públicos bajo perspectivas de un rango de precios que oscila entre los 100 y 110 dólares por barril. En la actualidad, sin embargo, los precios se han estabilizado en una banda que va de los 50 hasta los 70 dólares en sus variedades West Texas Intermediate (WTI) y Brent.

Todo parece indicar que la cotización del energético seguirá enfrentando presiones a la baja en el corto plazo, o al menos con tarifas muy por debajo de las observadas entre 2002 y junio del año pasado (después de la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, las cotizaciones del mercado petrolero mundial se desplomaron, meses después volvieron aumentar ante el valor refugio que los títulos vinculados al petróleo representaron para las inversiones en la esfera financiera).

Hay que destacar que la caída en los precios del petróleo (así como del resto de los commodities, a excepción de los alimentos) no se trata únicamente de una fluctuación menor, sino que constituye, en realidad, una tendencia crónica y de largo plazo que nos plantea un nuevo escenario geopolítico global. ¿Qué naciones se ven perjudicadas y cuáles se ven beneficiadas tras este nuevo ordenamiento que podría revolucionar, de manera paulatina, el mapa energético mundial?

Dentro de los beneficiados se encuentran a grandes rasgos los mercados importadores de crudo. En esencia, los territorios donde se encuentran los mayores yacimientos de shale oil o lutitas bituminosas del mundo, posicionándose Australia en primer lugar, seguido de cerca por la Federación Rusa, Estados Unidos, Argentina y Libia, según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés).

No obstante, debido tanto a factores económicos como medioambientales, ninguno de estos países (a excepción de Estados Unidos) ha destinado un monto de inversiones significativo para el desarrollo tecnológico en la exploración y explotación de estas piedras metamórficas arcillosas procedentes de la fauna y la flora acuática. Es, por lo tanto, Estados Unidos quien se encamina a posicionarse, de manera aparente, como el productor mundial de referencia gracias al aumento sostenido de su producción desde 2013.

Sin embargo, en cuanto los efectos derivados de la caída de los precios, los casos de Estados Unidos y la Unión Europea ameritan especial atención. Si bien es cierto que por un lado los ingresos de las familias se han visto aliviados por la caída del precio de las gasolinas, por otro lado no obstante, el desplome en las cotizaciones de los productos energéticos ha consolidado la deflación (caída de precios) de la economía en su conjunto y con ello, incrementado los riesgos de caer en una recesión prolongada o peor aún, una depresión económica.

Asimismo, dentro del grupo de naciones más perjudicadas se encuentran Rusia, Irán, Argelia y Arabia Saudita. Mientras que en América Latina destacan los casos de Venezuela y Ecuador, entre otros países. No obstante, esta disminución en los ingresos parece no afectar tan gravemente a Arabia Saudita (líder mundial en la extracción de petróleo a través de fuentes convencionales), que optó por descartar una reducción en la producción del oro negro en el marco de las reuniones de la OPEP como vía para evitar el desplome de las cotizaciones, aceptando incluso, disminuir la tarifa de precios a sus clientes asiáticos.

La jugada estratégica del país árabe tiene dos objetivos. En primer lugar, busca conservar su cuota de venta en el mercado petrolero mundial. Y en segundo lugar, constituye un intento por desestabilizar económicamente a Irán, país con el cual mantiene una histórica relación disonante por poseer mayorías musulmanas chiítas en vez de seguidores sunitas, que es como entiende al Islam el Reino Saudí.

Sin embargo, la estrategia únicamente privilegia los intereses de la Tierra de las Mezquitas Sagradas, mientras que al mismo tiempo provoca graves desequilibrios económicos en los demás miembros de la OPEP. Venezuela y Ecuador, países que pertenecen a la región con la segunda reserva petrolera más importante del mundo, sólo después de Oriente Medio, han sido testigos del desvanecimiento de una tercera parte de su principal fuente de ingresos.

En la actualidad, Venezuela obtiene 96 por ciento de sus divisas de las exportaciones de crudo. Según cálculos de Barclays, cada vez que el precio del barril se reduce en 1 dólar, el país deja de recibir alrededor de 720 millones de dólares al año. Por otro lado, según los datos más recientes del banco central de Ecuador, las exportaciones cayeron en 805 millones de dólares entre 2013 y 2014. En consecuencia, el gobierno del presidente Rafael Correa anunció recortes por un monto de 1 mil 420 millones de dólares al presupuesto de 2015.

¿Deja esta experiencia algún aprendizaje para Sudamérica? Es indudable. Se ha vuelto imperativo generar una mayor diversificación en la composición del comercio exterior. Los gobiernos de la región deben concentrar sus esfuerzos en la construcción de cadenas industriales y tecnológicas horizontales que promuevan, en la medida de lo posible, la producción de bienes de alto valor agregado.

Asimismo, es necesario poner en marcha cuanto antes el Banco del Sur, ampliar los recursos del Fondo Latinoamericano de Reservas y masificar el uso del Sistema Único de Compensación Regional, los tres pilares de la arquitectura financiera sudamericana que, de manera decisiva, ayudarían a capear el temporal que amenaza con subsumir a las economías de la región.

Hay que destacar que el petróleo no sólo cumple una función energética, sino que además actúa como un arma de orden geopolítico. La caída de los precios del crudo (es necesario enfatizar que no sólo deriva de la recesión global sino a una estrategia política a largo plazo impulsada por el capitalismo central) dejó al descubierto el carácter vulnerable de las economías sudamericanas, las cuales no han generado estructuras productivas que estimulen la ampliación del mercado interno ni el aumento de los flujos de comercio e inversión al interior de la región, para así enfrentar con mayor resiliencia las fluctuaciones a la baja del ciclo económico.

En lugar de ello, se han orientado (a través de la imposición por golpes militares) hacia una mayor dependencia de las exportaciones, situación que aunada a la revalorización del dólar, aumenta de manera exponencial las deudas externas denominadas en la divisa estadounidense de los países periféricos.

En conclusión, a 6 años de distancia del inicio de la crisis, la tendencia deflacionaria cobró fuerza y alcanzó las cotizaciones del mercado petrolero mundial. Los efectos del desplome son diferenciados entre países; y en el caso de las economías sudamericanas, reproducen su carácter dependiente en el mercado mundial al transferir parte del 0.5 por ciento del producto interno bruto global a las economías industrializadas. Esta problemática no sólo afectará a Sudamérica: también podría disminuir la demanda de manufacturas importadas desde China y Europa, lo que repercutiría en una espiral deflacionista de mayor vigor en el viejo continente.

Finalmente, el escenario geopolítico global, más que favorecer cambios de posiciones en el sistema internacional, apuntalará la conformación de zonas de influencia y dominación internacional, situación que las economías latinoamericanas podrán encarar mejor a través del reforzamiento de los procesos de integración regional, que dotan de un mayor poder de negociación frente a otros bloques en la toma de decisiones. En definitiva, sumar esfuerzos y comprometer una agenda regional es quizás una de las vías para salir avante en medio de la guerra de precios y crisis mundial que nos aqueja.

- Ariel Noyola Rodríguez es Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México.

- Gabriela Riveros Medina es Economista egresada de la Universidad de Santiago de Chile.

sábado, 28 de marzo de 2015

El Tobogán de los Precios del Petróleo




Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO_ALEM)

En los últimos 8 meses el precio del petróleo registró una de las caídas más importantes de los últimos años, al punto que el crudo marcador Brent llegó a los 45 $/b en enero de 2015 lo que significó su nivel más bajo desde febrero de 2009; esto sin duda encendió las alarmas tanto de inversionistas de mercados a futuros, empresas petroleras de diversos signos como a estados que dependen de la renta para la reproducción de sus sociedades. La pérdida de valor del crudo desde junio del 2014 (inicio del descenso de los precios) hasta enero de 2015 (el punto más bajo por ahora desde entonces) ha sido muy significativa. La cesta OPEP pasó de 110,26 $/b a 41,65 $/b, el WTI bajó de 107,8 $/b a 45,92 $/b, mientras que el Brent sufrió una caída desde los 115,2$/b a los 44,13 $/b, es decir un descenso de 62%, 57% y 61% de sus precios respectivamente, ver gráfico 1. Tratar de entender un poco el porqué de esta importante detrimento, las perspectivas a corto y mediano plazo del mercado petrolero y las implicaciones que tiene dicha caída para Venezuela, dado su carácter de extrema dependencia de los ingresos petroleros, son los objetivos de este artículo.
Gráfico 1. Precios del petróleo 



El desmoronamiento de los precios: ¿un producto de la conspiración?

Para algunos analistas los precios del crudo han venido disminuyendo como consecuencia de una estrategia política norteamericana para generar problemas fiscales a sus gobiernos enemigos, especialmente Rusia, Irán y Venezuela. Incluso algunos como Fernando Travieso (asesor en materia petrolera de la Asamblea Nacional) ha declarado que EEUU ha inundado el mercado para provocar la caída de los precios, que a su vez arrastren hacia abajo los precios de la gasolina en su mercado interno y así generar una mayor aceptación de la población para con su gobierno que gozaría de esta manera de la legitimidad suficiente para todas las incursiones y aventuras militares necesarias en Siria, Irak etc . Es decir la conspiración política sería la causante del derrumbe de los precios. Conspiración que tendría un gran apoyo en la producción de Arabia Saudita, aliado norteamericano en el medio oriente, para enfrentar a un enemigo común: Irán. Esto lo lograría el gobierno de EEUU elevando su producción interna, disminuyendo drásticamente sus importaciones y saturando el mercado en consecuencia. La vía para lograr esto es a través de la explotación de los famosos "esquistos", también denominados petróleos de lutitas o shale oil como se conocen en inglés.

Sin embargo esta supuesta estrategia conjunta pierde de vista la esencia del mercado: la competencia. Tanto así que el boom del shale oil, como también la importancia del mercado asiático, ha desplazado parte del crudo saudí exportado a los EEUU, obligándole a trasladarse a otros mercados . En otras palabras los productores de petróleo de lutitas en los EEUU, los sauditas y demás productores compiten para incrementar o preservar sus mercados, en un escenario petrolero con muchos más competidores que en décadas previas, gracias -entre otras cosas- a que los altos precios de los últimos 10 años han hecho rentable la producción de crudos no convencionales de alto costo como las arenas bituminosas de Canadá, de aguas profundas en Brasil y la costa occidental de África y las mentadas lutitas norteamericanas. También carece de lógica que EEUU inunde el mercado con producción de shale oil para que caigan los precios -con fines políticos recordemos- cuando el costo de producción de estos hidrocarburos está entre los 50$ y 60$ por barril, es decir poner seriamente en riesgo su propia rentabilidad, o en términos criollos: cuchillo para su propia garganta. Lo que sí es perfectamente lógico es que tanto a estos productores como a Venezuela ni a Irán les conviene un precio bajo.

Lo cierto es que la producción de crudo norteamericana que venía en picada desde los 80' encontró su punto mínimo en 2005 cuando comienza un importante repunte de producción gracias al crudo extraído fundamentalmente de las lutitas que ha hecho descender sus importaciones totales a la mitad, pasando de 12 MMBD a mediados de la década pasada a unos 6 MMBD en la actualidad. Esta tendencia que se viene desarrollando en los EEUU -que burló dicho sea de paso todos los pronósticos hechos en décadas previas que auguraban al país del norte sin petróleo para la fecha- no explica puntualmente el descenso vertiginoso de los precios desde mediados de 2014, de ser así ya hace unos años atrás se hubiesen manifestado de alguna manera. ¿Entonces que está detrás del derrumbe de los precios que estamos viviendo? Se debe fundamentalmente a tres factores: la apreciación del dólar norteamericano, la recesión y/o ralentización de la economía y la sobreproducción en el mercado petrolero.

Durante el primer semestre del año pasado el dólar mantuvo una relación de paridad sin mayores cambios con respecto a las principales monedas, sin embargo a partir del segundo semestre este comienza a apreciarse. Entre los meses de junio 2014 y enero 2015 la relación dólar/euro pasó de 0,73 a 0,88 lo que significa una apreciación del 20%, por su parte la relación entre el dólar y la libra esterlina pasó de 0,59 a 0,66 lo que equivale a una apreciación del 11%, por otro lado mientras que un dólar costaba 101,7 yenes a inicios del mencionado periodo costó al final del mismo 117,8 yenes, es decir el dólar se apreció un 16%, ver gráfico 2. Esta pérdida de valor de dichas monedas con respecto al dólar norteamericano se traduce en un barril de petróleo -que se cotiza en esta moneda - más caro para las economías que deben cambiar sus respectivas divisas por el billete verde, debilitando en consecuencia la demanda de crudo, sobre todo si tomamos en cuenta que entre la Zona Euro, Inglaterra y Japón se consumen unos 19 MMBD, es decir una quinta parte del total mundial.
Grafico 2. Apreciación del dólar en relación a otras monedas



El segundo factor es la recesión y/o ralentización de las economías más importantes del globo. La economía japonesa, tercera más grande del mundo, cayó 1,6% en el tercer trimestre del año 2014, entrando en recesión al decrecer por dos trimestres consecutivos, al sufrir una caída también del trimestre anterior en un 1,9% . La zona euro por su parte ha mostrado crecimientos muy tímidos en 2014, con cifras de 0,3%, 0,1% y 0,2% para cada trimestre del año, observando su crecimiento menor entre el segundo y primer trimestre . El monstruo chino a pesar de sus aún enormes tasas de crecimiento ha experimentado también una leve ralentización de su economía al crecer a tasas ligeramente menores que en 2013, siguiendo la tendencia decreciente de los últimos 4 años. Mientras en 2011 China crecía al 10%, en 2012 lo hizo al 8,5%, en 2013 al 8% y al año pasado al 7%. Debemos recordar que el auge de los precios de las materias primas de la última década se debió en buena medida al enorme crecimiento del país asiático, por lo tanto si la locomotora china va disminuyendo su velocidad también lo harán las materias primas. Es decir estamos presenciando una ralentización de la economía mundial, con sus principales economías en recesión, como la japonesa, o con crecimientos cada vez menores como en la zona euro y China.

Estos primeros dos factores evidencian problemas para la acumulación de capital, por el peso que tienen las economías mencionadas. Un elemento que le da fuerza a esta aseveración es el comportamiento del precio -a la baja- de los commodities (materias primas). La variación anualizada de precios en enero de 2015 para diversas materias primas fue la siguiente: carbón -24%, gas natural -39%, soja -23%, arroz 7%, algodón -26%, trigo -10%, cobre -20%, hierro -47%, plata -13% y oro 1%. Esto significa que el tobogán por el que han descendido los precios del crudo también ha servido para el descenso del precio de la mayoría de los commodities; corroborando el carácter de materia prima del petróleo y que las causas fundamentales de su precio se deben a aquellas que también explican el comportamiento más general de los precios de las mercancías. En el grafico 3 podemos observar a el índice de precios de algunas de estas materias primas tomando como base enero de 2014. También se observa referenciado en el eje derecho el índice de precios de commodities que calcula el FMI.
Grafico 3. Índice de precios de materias primas



Aun así con todo lo anterior, no podemos perder de vista las especificidades del mercado petrolero. En este sentido hay que resaltar cierto nivel de sobreproducción, el tercer factor, por la que ha atravesado dicho mercado. Para los dos primeros trimestres del año pasado la producción petrolera, según la OPEP, fue de 91,2 MMBD y 91,3 MMBD mientras que la demanda fue de 90,2 MMBD y 90,1 MMBD respectivamente, es decir una sobreproducción de 1 MMBD y 1,2MMBD para el primero y segundo trimestre, para el año 2014 la sobreoferta total fue de 1 MMBD. La Agencia Internacional de Energía (AIE) por su parte ubica la sobreproducción en un nivel similar al estimar la demanda mundial en 92,4 MMBD y la oferta en 93,3 MMBD.

Perspectivas a corto y mediano plazo

En noviembre del año pasado se efectuó una reunión extraordinaria de la OPEP para tratar el tema de la caída abrupta de los precios. Allí en lugar de lo que muchos analistas esperaban, la decisión de un eventual recorte para "recuperar" los precios no se tomó, derrotando de esta manera los planteamientos de Venezuela, Ecuador e Irán que abogaban para tal fin e imponiéndose la posición de los países del Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudita. Los primeros urgidos un barril de 100 dólares para efectos fiscales y los segundos más ocupados en disputarse cuotas de mercado con los nuevos competidores de alto costo de extracción (lutitas, aguas profundas y arenas bituminosas), llegando los sauditas a vender con descuentos al mercado asiático en momentos de pleno derrumbe del precio. El carácter de "cartel" de la organización petrolera queda en tela de juicio al presentar semejantes contradicciones.

Una de las especificidades de la rama petrolera, en torno a los precios, y que comparte con todas las ramas asociadas a la explotación de recursos naturales -es decir bienes no producidos por el trabajo humano-, es que el productor con costos más altos servirá de referencia para el piso que tendrán los precios en cuestión. En este sentido en un trabajo de Asdrúbal Baptista , nos muestra que los costos de producción en los EEUU han venido subiendo de manera sostenida desde mediados de los años 70, ubicándose en la actualidad por encima de los 50 $/b, señalando en consecuencia que dichos costos representan un piso para los precios del petróleo por debajo del cual no caerán de forma sostenida. De hecho en estos momentos se ha dado un leve repunte de los precios al recuperarse a los niveles de diciembre de 2014, es decir por encima de los 50 dólares. Este leve repunte de los precios pudiera explicarse por una menor actividad de perforación -medida en número de taladros- en los EEUU como consecuencia de la caída de los precios que presiona la rentabilidad de los productores de alto costo. Mientras en el último cuatrimestre de 2014 el número de taladros estuvo alrededor de los 1900, a finales de enero bajo a 1543 y para el 20 de febrero descendió a 1310 taladros .

La recuperación del precio a los niveles previos a la caída, es decir en torno a los 100 dólares, dependerá de cómo se desenvuelvan los factores acá descritos como causas, los cuales tienen que ver fundamentalmente con los vaivenes de la acumulación de capital, con la posibilidad que tenga el capital de sortear o postergar una nueva crisis que ya presenta ciertos síntomas en algunas de sus economías más importantes. Por otro lado si bien el petróleo es una mercancía estratégica por todas las implicaciones que tiene (fuente de energía, materia prima, renta para países menos desarrollados), y por ende la política está presente para hacer lobby y lograr concesiones en reservas importantes o lograr acuerdos comerciales con tratos preferenciales, etc., éste no escapa de la lógica mercantil producto de las relaciones sociales de producción imperantes; por lo tanto su precio no obedece a las estrategias conspirativas de determinado centro de poder que desde las sombras imponen un precio a su antojo, sino que más bien se deduce de la acumulación de capital, la competencia en el mercado y la disputa por la renta.

Implicaciones para Venezuela

El impacto de la caída en los precios es importante para la economía venezolana, siendo el 96% de los ingresos en divisas por concepto de exportaciones petroleras, y donde las importaciones representan el 40% del PIB, es decir, es evidente que una economía rentista será afectada de gran manera ante una caída de los precios como la actual. La cesta venezolana de petróleo cerró la semana del 20 de febrero de este año en 50,56 $/b lo que significa un 43% menos respecto del 2014 y 48% menos que en 2013. La Asamblea Nacional calculó unos meses atrás y ratificó a principios de año el presupuesto de la nación basado en un barril a 60 dólares; por lo que de no haber este año una recuperación significativa de los precios la crisis actual lo que hará es agudizarse.

Por cada dólar que descienda el precio del crudo se dejan de percibir unos 700 millones de dólares, lo que significa que un hipotético precio del barril en 65 dólares para el 2015 implicaría una merma de 20 mil millones de dólares aproximadamente. Cifra que equivale a más del 24% de las importaciones totales en 2012 por 77 mil millones de dólares, 29% de las importaciones totales de 2013 y 93% de las reservas internacionales a la fecha (se redujeron a la mitad en menos de 5 años al tiempo que aumentó la deuda con el barril en 100 dólares) ; y en un contexto de escasez relativa de divisas por la fuga de capitales vía importaciones fraudulentas que ha causado una impresionante escasez de bienes y una inflación de más de 60%, la situación es realmente crítica.

Urge tomar medidas, pero en una sociedad de clases, ninguna medida es neutra, como la devaluación de la moneda o recurrir a más endeudamiento, medidas que sin duda afectarían a la clase obrera, es decir a los que vivimos de un salario. La venta de CITGO -y otras refinerías- es una suerte de as bajo la manga que le proporcionaría al estado entre unos 10 mil a 15 mil millones de dólares para paliar un poco la situación, aunque según las más recientes declaraciones oficiales al respecto estaría descartada o por lo menos postergada. El aumento "necesario" pero complicado de la gasolina -por ello de quien paga los platos rotos- pareciera ya un hecho para este año luego de más de 15 años de congelamiento del subsidio, pero por el contexto altamente inflacionario en el que vivimos dicho aumento no dejaría de ser un problema. El gobierno anunció recientemente un "nuevo" sistema cambiario para "poner en marcha" una economía productiva y abandonar el rentismo, aunque no se diferencia mucho de los anteriores sistemas cambiarios abre la posibilidad de ir liberando el dólar.

La grave situación que atraviesa la economía implica, en el marco del capitalismo, la aplicación de un plan de ajuste estructural que ordene las cuentas macroeconómicas, por ello todos los economistas (keynesianos y liberales) imploran casi al unísono la aplicación de estas medidas y ya hablan de hacer "sacrificios". El gobierno aún no lo aplica de golpe como recomiendan, más bien pareciera que su estrategia es ir aplicándolo parcialmente pero gota a gota, a menos que los precios del barril se tripliquen de su nivel actual.

Las medidas por izquierda como la expropiación y centralización del capital en áreas esenciales como la banca y el comercio exterior bajo control obrero que pudiesen detener la abrumadora sangría de renta que sufrimos y emprender una verdadera industrialización que sea la base de la transformación productiva de la sociedad, no están en los planes de un gobierno que se dice obrero y revolucionario pero que le entrega los dólares a la burguesía y dilapida renta en microcréditos y financiando capitales locales ineficientes. Estas tareas solo pueden ser desarrolladas por un partido obrero con un programa realmente socialista que se erija como alternativa a la ilusión reformista y a los partidos burgueses. El deber de la izquierda revolucionaria es dedicarse a la construcción de dicho programa.





I. Véase http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/fernando-travieso-aseguro-que-descenso-precio-petroleo-es-coyuntural/
II. Las exportaciones saudíes al mercado asiático pasaron de 53% al 65% del total entre 2012 y 2013. Las exportaciones saudíes a los EEUU descendieron un 3% según datos de la EIA.
III. Millones de barriles diarios
IV. Datos de la recesión japonesa disponible en: http://online.wsj.com/articles/japan-falls-into-recession-1416182404
V. Datos de la ralentización en la eurozona disponible en: http://www.tradingeconomics.com/euro-area/gdp-growth
VI. Baptista, Asdrúbal. El precio del petróleo y la importancia de las fuerzas de la oferta. Debates IESA. Volumen XVII, Numero 2, Abril Junio 2012.
VII. Datos obtenidos de a través del portal de Baker Hughes, véase: http://phx.corporate-ir.net/phoenix.zhtml?c=79687&p=irol-reportsother
VIII. Ver el trabajo de John Caicedo sobre la deuda disponible en: http://www.alemcifo.org/ArticulosHTML/articulo_deuda_jhon.html
IX. El subsidio a la gasolina es tan alto que ha generado un gigantesco contrabando de extracción afectando las finanzas de PDVSA. El aumento aunque sea necesario por el desangre de renta que significa, no dejaría de ser una forma en que los trabajadores paguen la crisis actual. Este tema será tratado posteriormente.
X. Ver el trabajo de Juan Villegas sobre las nuevas medidas en materia cambiaria, disponible en: http://www.alemcifo.org/ArticulosHTML/medidascambiarias.html.

martes, 3 de marzo de 2015

The Oil Price Collapse Is Not Just Another Bust Cycle

This time, it could be long-lasting—with dramatic consequences for the climate, the economy and the global balance of power.


Bahrain oil
An oil worker walks by a pump in Sakhir, Bahrain (Hasan Jamali/AP). 
Oil is the most valuable commodity in world trade, so any significant change in its price—whether upward or downward—has far-reaching economic consequences. Because oil also plays a pivotal role in world politics, such shifts can have equally momentous implications for international relations. It is hardly surprising, then, that the recent plunge in prices has generated headlines around the world. Many giant energy firms have announced massive cutbacks in employment and investment, and major producing countries like Russia and Venezuela have been forced to scale back government expenditures. While some analysts speculate that prices have now reached bottom and will soon begin climbing again, there are good reasons to believe that this descent is not just another cyclical event but rather the product of something far more profound and durable.
Before examining these factors, let’s consider the sheer magnitude of the price collapse. Last June, Brent crude was selling at about $115 per barrel, ensuring substantial wealth for the major oil corporations and oil-producing countries. Most analysts assumed, moreover, that prices would remain at this elevated level. As recently as October, for example, the Energy Information Administration of the Energy Department predicted that the average price of crude in 2015 would be $102 per barrel, about the same that it’s been for the past five years. Just three months later, Brent had fallen to as low as $46 per barrel, with some experts predicting a further slide into the $30s.
Why this sudden plunge in oil prices? That old mantra, supply and demand, is mostly to blame. The high prices of recent years have been driven, in large part, by ever-increasing demand from China and other rapidly developing countries of the Global South. Chinese consumption jumped from 7 million barrels per day in 2005 to 11 million in 2014; comparable increases were posted by India, Indonesia, Brazil and Saudi Arabia. Production increased to satisfy all this added demand, but not always fast enough to keep up—thus explaining those high prices. Over the past six months, however, the fundamentals have shifted. The economic doldrums in Europe and tepid growth elsewhere have resulted in less than expected levels of demand, while the flow of crude from America’s shale formations has reached flood proportions, producing a glut of supply and driving prices downward.
Historically, the major oil powers have responded to falling prices by reining in production, thereby constricting supply and reversing the slide—but not this time around. Saudi Arabia, which lost market share to its rivals after pursuing this strategy in previous price declines, has chosen to keep pumping at current rates. At the same time, several producers, including Iraq and Russia, have increased their output. But with the US market inundated with cheap domestic shale oil and demand shrinking elsewhere, the Saudis and their competitors have been forced to lower prices in order to attract customers in non-US markets. Some have speculated that the Saudis also hope that low prices will force the Russians into curtailing their support for the Assad regime in Syria; but retaining market share appears to be their principal objective.
Whatever the combination of factors at work, the plunge in prices is having far-reaching consequences. For countries that depend on oil revenue to finance government operations, the price collapse has already inflicted serious damage. Major producers like Mexico, Nigeria, Russia and Venezuela have announced budget cutbacks, significantly impairing the ability of these governments to implement favored domestic and international programs. Russia, for example, is under pressure to reduce its military expenditures, calling into question its ability to undertake major military operations in Ukraine or other peripheral regions. Mexico has announced a budget reduction of $8.3 billion, eliminating funding for prestige projects favored by President Enrique Peña Nieto, who is already facing strong popular opposition because of rampant corruption and lawlessness at the local level. The Venezuelan government, which has long relied on oil revenue to finance social programs aimed at lifting the status of the poor, is now scaling back its efforts—further eroding public support for the socialist government of Nicolás Maduro.
If prices remain at these depressed levels for any length of time, the consequences could prove even more severe. Although President Vladimir Putin continues to enjoy strong support from the Russian population for what is seen as his aggressive pursuit of Russian national interests in Crimea and Ukraine, this could change as the current economic downturn cuts deeply into people’s standard of living. The Iraqi government, which needs high oil prices to buy new weapons and bolster its army, is having to scale back its planned offensive against ISIS. The Nigerian government is also having trouble paying its soldiers and taking the offensive against rebel forces, in this case Boko Haram. While entrenched corruption (largely the product of misappropriated oil revenue) is a major part of Nigeria’s problem, the fall in prices is making things worse; some analysts now predict that a former military strongman, Muhammadu Buhari, will defeat incumbent Goodluck Jonathan in the forthcoming presidential election. Such upsets are likely in other countries that rely heavily on oil revenue, including Mexico and Venezuela.
The fall in prices has also affected the long-range plans of many major oil companies, especially those planning costly projects in “unconventional” producing areas, such as the Arctic, the deep oceans, Canada’s tar sands and US shale formations. These projects generally turn a profit only when oil sells for $70 to $90 or more per barrel—but prices that high are now considered unattainable for the foreseeable future. In January, for example, Royal Dutch Shell abandoned plans for one of the world’s largest petrochemical plants, the $6.5 billion Al-Karaana facility in Qatar, saying high construction costs and low oil prices had rendered it “commercially unfeasible.” Chevron has indefinitely shelved its plans to drill in the Beaufort Sea and withdrawn from its shale projects in Poland; BP is scaling back its operations in the North Sea, while Occidental Petroleum is curtailing its activities in Canada’s tar sands.
Much speculation has also arisen about the viability of drilling projects in US shale reserves. Most analysts believe that drilling in the most productive formations, notably Eagle Ford in Texas and Bakken in North Dakota, will continue as before, albeit at reduced levels; however, drilling in less productive “plays,” such as the Permian Basin in Texas and the Niobrara formation in Colorado, could slow down appreciably. A lot depends on the ultimate bottom level of oil: most independent drillers, it is said, can survive a price of $60 to $70 per barrel, but a sustained rate of $40 to $50 could kill off many of them. “For rivals on the periphery of Eagle Ford and Bakken, or with acreage in more frontier plays, [2015] will be a test of endurance,” observed John Kemp of Reuters. “Some will almost certainly fail or be taken over.”
Bust cycles like this have occurred before in the oil industry, most notably in the later 1980s and ’90s, when a glut of new production from Mexico, Saudi Arabia, the North Sea, West Africa and elsewhere depressed prices and discouraged investment in frontier regions. But eventually demand, much of it from China, overtook supply, again boosting prices. This, in turn, prompted investment in new technologies that permitted drilling in previously inaccessible or noncommercial areas. With demand continuing to grow, prices rose from as low as $10 per barrel in 1998 to the recent average of $100 (except for a sharp but temporary plunge after the financial crisis of 2008). It is reasonable to assume, therefore, that prices will again recover, as occurred in 2009.
Were prices to recover quickly, we would likely see a return to business as usual, with mammoth corporate investments in shale and other unconventional sources of crude. This, in turn, would result in rising carbon emissions and pervasive environmental destruction of the sort chronicled in Naomi Klein’s new book, This Changes Everything. It would also bolster the coffers of the giant oil companies and their government backers, enabling them to better resist efforts by environmentalists to curb the consumption of fossil fuels. But will this come to pass? Although some increase in prices is inevitable—given that the current cutbacks in investment will produce an eventual contraction in supply—a return to the $100-plus levels of recent years is by no means assured. This is so for several reasons:
First, the Chinese leadership is committed to slowing and eventually reducing the country’s emissions of carbon dioxide and other greenhouse gases. Although Beijing’s drive to reduce CO2 emissions will largely focus on coal, it is also seeking to retard the growth in China’s petroleum consumption. The leadership is also wary of becoming excessively dependent on imported oil, a trend that has led to increased—and often unwelcome—Chinese involvement in the politics of major supplying countries, such as Sudan and Ethiopia.
Second, automobiles in the United States are becoming increasingly fuel-efficient as a result of rules adopted by the Obama administration in 2012. If fully implemented, these rules will require that US-made cars achieve an average fuel consumption rate of 54.5 miles per gallon in 2025—nearly twice the current level. Although lower gas prices are likely to spur increased driving and rising sales of SUVs, the increase in fuel efficiency will result in diminished overall consumption.
Finally, we are likely to witness a worldwide shift from fossil fuels to green energy. As awareness of and concern over climate change grows, governments and individuals around the world will take steps to reduce their consumption of oil. This shift will take different forms—from government-imposed fuel efficiency standards and higher taxes to multiple individual decisions to replace conventional oil-driven cars with hybrids and all-electric vehicles—but will gain momentum as the climate changes. Oil will not disappear in this process, but the giant growth in demand needed to sustain $100-plus prices may never materialize.
Given all this, it seems rather unlikely that global oil demand will expand sufficiently in the months or years ahead to re-establish the high-price regime of recent years. Prices will rise, to be sure, but could stabilize at a level well below that needed to justify costly investments in unconventional sources of crude. We would, in essence, be entering a new epoch in which oil plays an ever-diminishing role in the global energy equation.
Should this prove to be the case, we can expect a welter of accompanying changes. Many oil companies will be forced to downsize, and to abandon plans for drilling in frontier areas. This in turn will bolster the argument posed by those favoring divestment from fossil fuels that these companies are sitting on large reserves of carbon that will never be exploited—“stranded assets,” as they’re called—making these companies a less attractive long-term investment. Reduced drilling in Alberta and the Arctic would also diminish the threat to the climate and the environment. Because natural gas prices are often pegged to the price of petroleum, moreover, lower oil prices will make gas cheaper—further clouding the future role of coal and nuclear power in generating electricity. Lower prices will also make biofuels and some other energy alternatives less competitive, but, by and large, the environment will be better off.
The global political scene will also be altered. In general, power will shift from oil-producing states like Iran, Russia, Saudi Arabia and Venezuela to consuming states like China, Japan and the United States. The producers, with their revenue sharply reduced, will be less capable of pursuing ambitious political endeavors, of whatever sort. The consuming states, on the other hand, will be spending less on imported petroleum and so should see an improvement in their domestic economies. This, in turn, could tempt them to adopt a more assertive stance in foreign affairs, with unforeseen consequences. The United States, for example, could be emboldened to increase its pressure on potential adversaries like Iran and Russia, knowing they are more vulnerable to economic sanctions—but risking a dangerous backlash in the process.
How all this will play out in the months ahead is impossible to foresee. But given oil’s importance to the world economy—and the prospect for a protracted period of low or moderate prices—we could see dramatic and lasting changes in the energy economy, the climate struggle and the global balance of power.

viernes, 13 de febrero de 2015

El precio del petróleo: ¿es la China o la FED?

Alai

El actual desempeño del mercado petrolero emite una clara señal: la dramática caída en el precio del hidrocarburo cercana al 60% no tiene como origen a factores de oferta y demanda, sino a la especulación de los agentes financieros.


El vínculo entre la tasa de interés, el tipo de cambio y el precio de las materias primas prevé un escenario sombrío para Latinoamérica aun con el saldo favorable que podrían conjeturar algunos países.
Entre abril del 2011 y mayo del 2014 se observó una banda de fluctuación entre 118 y 91 dólares por barril en el precio promedio de las mezclas de petróleo. Empero, la tendencia giraba en torno a los 105 dólares hasta que, en junio del 2014, se inició el desplome que para Febrero del 2015 lo sitúa en los 48 dólares.
Los análisis del Banco Mundial (2015) destacan el aumento de la oferta mundial motivada por el acrecentamiento de la producción estadounidense, la alteración de la política de producción de la OPEP y el aminoramiento de los conflictos civiles en Libia e Irak; mientras que el bajo crecimiento del PIB en el G7 y la reducción del índice de intensidad energética (cantidad de energía gastada en generar un punto del PIB), afectan la demanda. Erradamente señalan a China como parte del problema de demanda.
El grafico anterior muestra que no es la caída del consumo energético chino la causa del desplome de los precios en el periodo 2013-2014. Teniendo una demanda asiática y una oferta mundial de hidrocarburos ascendentes, lo mínimo que se podría esperar sería un precio inalterado o creciente; situación contraria a la actual.
Desde diciembre del 2008 se intensifica la relación inversa entre la tasa de interés de los bonos gubernamentales estadounidenses y el precio del petróleo. Ahora que se prevé una tasa de interés más alta en Estados Unidos no sólo se piensa en un declive del consumo y la inversión en el mundo, también en la reconfiguración de los portafolios de inversión. La cronología entre el anuncio de la FED (por sus siglas en inglés) sobre el final adyacente del QE3[1] (marzo o julio, 2014), la caída del precio del hidrocarburo (junio 2014) y la apreciación del dólar americano desde julio del 2014 es irrefutable.
Para la región latinoamericana se advierte un shock externo como respuesta al triple arbitraje invertido: el efecto será favorable a las exportaciones no primarias, otorgado por la depreciación de las divisas de la región. El impacto sobre precios de importación tendrá un desenlace inflacionario, lo que llevará a un alza de la tasa de interés para contrarrestarla y, con eso, una baja del crecimiento. A su vez, el mayor rendimiento en Estados Unidos motivaría a subir más el rédito de los bonos públicos latinoamericanos para no perder reservas internacionales. De otro lado, la nueva inversión extranjera será menos sustantiva por los bajos precios de todos los commodities.
Un análisis básico de las eventuales consecuencias de la baja en el precio del hidrocarburo sobre las naciones de América Latina, debe considerar el nivel de protagonismo del petróleo en las exportaciones y en las finanzas públicas. Hay cuatro categorías de países: Gran Capacidad Exportadora de Energía (GCEE -Venezuela, Ecuador, Colombia, Trinidad y Tobago y Paraguay); Oferta Exportadora Menos Amplia (OEMA - Argentina y Bolivia); Déficits Energéticos Moderados (DEM- Brasil, México, el Perú, Guatemala y Haití) y Grandes Déficits Energéticos (GDE - Cuba, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Uruguay, República Dominicana, Panamá, Chile, Antillas Holandesas y Jamaica)[2].
México ya anunció un ajuste fiscal y Venezuela recién notificó el plan de cobranza a sus socios de Petrocaribe. Habrá que ver si, en efecto, los ganadores serán los importadores netos (DEM´s y GDE´s) o no. La impresión es que con monopolios del Estado, la pérdida es más grande, a la inversa del ciclo de auge.
Ante un mercado petrolero determinado ya no por la demanda china y la oferta mundial, sino por la especulación financiera y la tasa de interés establecida por la FED, ¿cuál es la secuela previsible para América Latina ante la caída persistente en el precio del hidrocarburo? No es aventurado pensar en un alza de la tasa de interés (para retener la inflación y la salida de capitales) y la disminución del gasto gubernamental por la pérdida de ingresos fiscales en todos los países, sobre todo lo petrolizados. A los importadores quizás les vaya mejor.
Oscar Ugarteche es economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA)www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org
L. David Segovia Villeda es miembro del proyecto OBELA, IIEc-UNAM. 


[1] NdE: QE - Quantitative Easing es un programa de Expansión/Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (FED) que inició en 2008.
[2]Palazuelos, E. (2009), El Petróleo y el gas en la geoestrategia mundial; Capítulo 3 “Estados Unidos: abastecimiento energético exterior y política internacional” (pp. 67-91); Capítulo 14 “Exportaciones de energía y capacidad de integración regional de América Latina” (pp.409-438) en Akal Editorial, Madrid, España.