martes, 17 de junio de 2014

Alí Rodríguez y el discurso extractivista



Pablo Dávalos
ALAI, América Latina en Movimiento

Alí Rodríguez es un personaje importante en la transición posneoliberal en América Latina. Fue Ministro de Economía y el responsable de PDVSA durante la era de Chávez, luego fue Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela y, posteriormente, Secretario General de la UNASUR. De alguna manera, representa el momento histórico y político que vive la región, de ahí que sus declaraciones den cuenta de la forma que asumen los discursos y la praxis política de los responsables de la transición posneoliberal, al menos en América del Sur.

En un documento publicado por la revista electrónica ALAI (“Recursos naturales como eje dinámico de la estrategia de UNASUR”, 2014-03-24, www.alainet.org), Rodríguez expone punto por punto los argumentos del discurso extractivista. Esos argumentos señalan, desde una pretendida posición objetiva, que América Latina en general y Suramérica en particular, no se caracterizan por ser potencias tecnológicas ni financieras y que su mayor riqueza está en sus recursos naturales y en su gente, y que es el momento de utilizar esos recursos naturales para financiar tareas urgentes tanto del desarrollo, como el crecimiento económico, cuanto de la redistribución del ingreso, como la salud y educación.

Este discurso se sintoniza con lo que han expresado y propuesto varios líderes políticos de la región, por ejemplo, la metáfora del presidente ecuatoriano Rafael Correa de que no se podía ser como el mendigo sentado sobre un saco de oro para justificar la privatización de los territorios a las corporaciones petroleras y mineras; el texto “Geopolítica de la Amazonía” del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera para justificar el extractivismo en su país, la “Ley de Semillas” (también conocida como “Ley Monsanto”) para permitir el mercado de agrotóxicos y transgénicos, por parte de Cristina Kirchner en Argentina,  los argumentos del Programa de aceleración del crecimiento (PAC), del PT en Brasil, etc.

En realidad, no se trata de un discurso novedoso, de hecho, fue parte fundamental del debate económico y político que atravesó América Latina desde fines de la segunda guerra mundial y que tendría a la Comisión Económica Para América Latina, CEPAL, como el principal referente teórico y político.

Los teóricos de la CEPAL acuñarían la expresión de “estructuralismo” para comprender las dinámicas y las formas que había asumido la modernización y el desarrollo del capitalismo de la región. Al interior del estructuralismo latinoamericano emergerían posiciones radicales, como aquellas de la Teoría de la dependencia, mientras que la corriente de pensadores marxistas latinoamericanos criticarían al estructuralismo de la CEPAL por no considerar al imperialismo y al capitalismo como las verdaderas trabas a cualquier estrategia de desarrollo.

Sería célebre la expresión de uno de ellos que en condiciones de capitalismo lo único que podría desarrollarse en América Latina era el propio subdesarrollo (Cfr. André Gunder Frank). Al interior de este debate, se consideraba casi de manera unánime que la especialización de América Latina en exportar bienes primarios, como minerales, petróleo, productos agrícolas, maderas, riqueza ictiológica, entre otros, lo único que produciría en la región sería una fuerte dependencia de los centros imperialistas de poder mundial y condenaría a la región a la pobreza.

Hasta los teóricos más alejados de cualquier posición crítica y radical creían que América Latina tenía que salir de la trampa impuesta por las injustas relaciones entre centro y periferia de especializarse en productos primarios. Se veía en la exportación de productos primarios una continuación de los mecanismos de colonización y explotación económica que pervivían desde la época colonial.

Ninguno de ellos consideraba que la renta que podía provenir de la exportación de recursos naturales podía provocar ni crecimiento económico ni redistribución del ingreso; por el contrario, consideraban que, habida cuenta de la estructura de la tenencia de la tierra y la forma que habían asumido los regímenes políticos, la renta de la exportación de productos primarios lo que haría es consolidar a las oligarquías locales y convertir al Estado-nación en un Estado oligárquico y feudal.

De ahí que casi todos ellos hayan coincidido en la necesidad de la industrialización, es decir, la creación de valor agregado a la producción pensando en términos más de mercado interno que del mercado mundial al que siempre lo consideraron, y con razón, como una amenaza. Por ello, propusieron cambios importantes en la tenencia de la tierra, como por ejemplo la reforma agraria, cambios en la política laboral como por ejemplo los incrementos de salarios mínimos y el fortalecimiento de la capacidad sindical de los trabajadores, también propusieron reformas educativas que garanticen el libre ingreso a la universidad y mayor movilidad social, reformas tributarias orientadas hacia los impuestos progresivos, políticas de integración subregional y un control estricto a la inversión extranjera directa, entre otras propuestas.

Todas esas iniciativas se perdieron con el neoliberalismo. El FMI y el Banco Mundial arrasaron con cualquier política de redistribución y de crecimiento endógeno. Impusieron la reprimarización de la economía y se aseguraron que la renta extractiva se utilice exclusivamente para el pago de la deuda externa mediante el dispositivo de las “reglas macrofiscales”, amén de que impusieron una agresiva política de privatizaciones, desregulación, apertura total de las economías y flexibilización a los mercados de trabajo y de capitales.

Los pueblos de América Latina vieron perder sus derechos más importantes al tiempo que la economía se hundió y la pobreza se extendió. Cuando los movimientos sociales del continente se movilizaron contra el neoliberalismo y, finalmente, lo derrotaron, su propuesta política y económica tenía como horizonte la soberanía, la redistribución del ingreso y la recuperación de un Estado social diferenciándolo radicalmente del Estado neoliberal.

Por ello, extraña la retórica de que América Latina debería nuevamente especializarse en la exportación de bienes primarios, porque retrotrae el debate y esconde sus verdaderas intenciones. En efecto, el discurso de que la renta de los recursos naturales financiará el crecimiento económico y la redistribución del ingreso es neoliberalismo puro y duro, edulcorado por la presencia de gobiernos “progresistas” que proponen que esas tareas sean realizadas por empresas nacionales.

En realidad, es el discurso de las transnacionales de los commodities, porque son ellas quienes manejan el mercado mundial de su distribución y su conexión con los mercados financieros de futuros, swaps, options, y derivados, independientemente que la producción o extracción de commodities lo haga una empresa nacional o transnacional.

Además, se trata de un discurso manipulador porque la renta de los recursos naturales jamás ha financiado ninguna estrategia de desarrollo y menos aún la redistribución del ingreso, y ahí consta la historia latinoamericana para demostrarlo así como el rico y profundo debate teórico del estructuralismo latinoamericano.

La propuesta de Rodríguez, inter alia, en verdad es el discurso que amplía la frontera del extractivismo tratando de conseguir el consenso necesario en la población para que piense que las rentas que podrían provenir del extractivismo podrían ayudarlos a salir de la pobreza, pero en realidad la ampliación del extractivismo producirá más pobreza, y vulnerará a los más pobres, a la vez que destruirá la naturaleza, las fuentes de agua, la biodiversidad, las culturas ancestrales, y provocará pasivos ambientales y externalidades económicas irremediables.

La expansión del extractivismo privatiza los territorios y hace de la renta extractiva una apuesta geopolítica. ¿Por qué, entonces, los gobiernos de la región apuestan al extractivismo con el falso argumento que éste financiará el crecimiento y la redistribución del ingreso? Porque este discurso encubre el hecho de que ninguno de estos gobiernos hayan realizado una reforma agraria que devuelva la tierra a los indígenas y campesinos, y no lo van a hacer porque esas tierras son, precisamente, el objeto de disputa con las transnacionales del extractivismo; tampoco ninguno de esos gobiernos ha devuelto a los trabajadores la capacidad sindical de luchar por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, todo lo contrario, en la dialéctica del capital siempre han preferido a éste bajo el argumento de que la inversión privada crea empleo y crecimiento.

Estos gobiernos tampoco han llevado adelante una política tributaria progresiva que recaude impuestos desde los grupos económicos más poderosos y sus empresas, de tal manera que los recursos de la tributación directa sean alternativos a la renta extractiva, todo lo contrario, la carga impositiva sigue sobre las espaldas de los más pobres y del conjunto de la población.

¿Alternativas a la renta extractiva? Por supuesto que las hay, pero de la misma manera que el discurso neoliberal establecía la doxa de que “no hay alternativas” (expresión de Margaret Thatcher), asimismo el discurso extractivista cierra el debate para las alternativas. La primera de ellas está a la vista y es la utilización de la política monetaria para financiar tanto al desarrollo cuanto a la redistribución del ingreso.

Pero hay un miedo a utilizar la política monetaria en beneficio de la población y esto se debe a la colonización tanto teórica como práctica que sobre la moneda han realizado el FMI y la episteme neoliberal. Se teme utilizar a la moneda por los efectos inflacionarios que pueda provocar su utilización y se otorga a los bancos privados el manejo de la política monetaria.

El ejemplo quizá más revelador sea el caso del gobierno de Evo Morales quien a fines del 2010 decidió aplicar un ajuste económico elevando los precios de la gasolina para compensar el déficit fiscal (Decreto Supremo No. 748 de diciembre del 2010), mientras tenía reservas monetarias internacionales de 9.73 mil millones de USD que correspondían a más de la quinta parte del producto interior bruto boliviano de ese mismo periodo. No solo ello, sino que posteriormente se enfrentó contra la policía de ese país que reclamaba incrementos modestos en su remuneración básica (solicitaban un salario mínimo de 2000 bolivianos que para la época representaba alrededor de 250 USD), que bien podrían haber sido financiados con una pequeña parte de lo que el gobierno boliviano tenía en reservas monetarias internacionales.

Otro caso paradigmático es el gobierno de Brasil y su política de tasas de interés y de liberalización del mercado de capitales. Los diferentes gobiernos del Partido de Trabajadores (PT), en ese sentido, se mostraron tan neoliberales y ortodoxos como sus antecesores, y respetaron el manejo de la política monetaria que hacían los bancos privados así como de las tasas de interés, consideradas entre las más altas del mundo.

Se teme también aplicar una política tributaria de redistribución que afecte a los grupos de poder y, en ese sentido, quizá el mejor ejemplo sea el caso del gobierno ecuatoriano de Rafael Correa. Durante el periodo de su gobierno, 2007-2013, los grupos económicos ecuatorianos obtuvieron un total de ingresos por cerca de 150 mil millones de USD y pagaron apenas el 2% de impuestos directos sobre esos ingresos. De hecho, para el año 2013 ya controlaban cerca de la mitad del PIB de ese país. Una política tributaria progresiva demostraría que la destrucción de la reserva natural Yasuní, única en el mundo por su biodiversidad, era más una estrategia destinada a proteger los intereses de los grandes grupos económicos y de las corporaciones del extractivismo que una apuesta por redistribuir el ingreso y financiar al desarrollo como trataba de justificar el Presidente ecuatoriano.


No obstante, quizá la alternativa real no sea tanto el financiamiento al desarrollo y la redistribución del ingreso sino incluso la misma noción de desarrollo. Lo que los pueblos de América Latina quieren este momento no es tanto el desarrollo sino más bien salir de él. El modelo de desarrollo es más un constructo ideológico para las elites y las clases medias de la región que para los pueblos que lo sufren. Es un pretexto para apoderarse de los recursos naturales en el festín de los commodities. Para los sectores organizados y los movimientos sociales, el discurso actual no es el desarrollo sino el Buen Vivir y éste, de las declaraciones hechas por las organizaciones sociales del continente, al parecer, nada tiene que ver ni con el desarrollo ni con el crecimiento económico.

viernes, 13 de junio de 2014

La cultura del petróleo - Rodolfo Quintero


Haz click aquí para acceder a “La cultura del petróleo” de Rodolfo Quintero

¿Quién construye más rápido el camino hacia el FMI?



Simón Andrés Zúñiga
Rebelión

En la delicada coyuntura económica que atraviesa el proceso político venezolano, dos propuestas, una emanada de los sectores económicos dominantes identificados directamente con la oposición, y otra, proveniente de un sector que ha ocupado las colinas de instituciones estratégicas en la toma de decisiones económicas gubernamentales, coinciden peligrosamente en retorno a los caminos neoliberales, y el abandono del camino trazado por el chavismo en los últimos 14 años.

La propuesta de la derecha oposicionista la denominaremos “paradigma del eterno retorno de los economistas del Capital”; mientras que la propuesta que predomina actualmente en el gobierno se llamará, indistintamente, “opción pragmática” o “paradigma tercera vía renovada”

Lo importante a destacar, es que el alto posicionamiento de ambas visiones, revela una debilidad recurrente del proceso chavista-bolivariano: el precario desarrollo de una política económica acorde con los planteamientos estratégicos esbozados en los dos planes socialistas.

De hecho, la propuesta económica que adoptó el gobierno del Presidente Nicolás Maduro se impuso porque representa una opción “pragmática”, frente al quiebre del esquema cambiario y frente a las necesidades de financiamiento del gasto público, que puede significar un cambio de orientación de lo que han sido los rasgos fundamentales del proceso chavista en sus 14 años de gobierno.

El eterno retorno de los economistas del Capital

La primera propuesta económica va de la mano con la estrategia política de la derecha oposicionista y parte de un diagnóstico catastrófico en la economía, de tal forma que sea inevitable aplicar las fórmulas ya conocidas en Venezuela y en el mundo. Son los que plantean que ante la “bomba atómica económica” y el “tsunami cambiario”[1], hay que hacer un cambio urgente del modelo económico chavista. Las recomendaciones básicas son una repetición de los argumentos típicos del Consenso de Washington y del llamado Post-Consenso de Washington: respeto a la propiedad privada, disciplina fiscal, reducción del gasto público, autonomía del Banco Central, desmontaje del proceso de integración regional (especialmente el relacionado con Petrocaribe y el ALBA); alineación con los tratados de libre comercio y con el Eje del Pacífico; además de una reversión en la política petrolera interna y externa.

Esta propuesta parte de la convicción que la inflación se debe a causas monetarias. La mayoría de los economistas repiten el diagnóstico monetarista que atribuye al exceso de gasto público, y al financiamiento monetario del Banco Central, como la principal causa de la inflación y de los altos valores del tipo de cambio paralelo.

Es una opción que significaría un cambio radical del modelo económico chavista. Recomienda volver a las premisas básicas que intentaron imponer los grupos económicos en los años noventa. Retoman no sólo a la política de ajuste estructural del Gran Viraje (1990-1994), sino a las propuestas del Grupo Roraima liderizado -en ese entonces- por Marcel Granier y Moisés Naim; avaladas académicamente por el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). Sectores que en ese tiempo eran un espejo de las políticas modernizadoras que aconsejaba los mandamientos del llamado Consenso de Washington.

En la actualidad, se agregarían a este enfoque algunos aportes del Post-Consenso de Washington, como lo es el reconocimiento de la intervención del Estado para crear las condiciones institucionales de una economía capitalista exportadora y moderna.

Por tanto, no hay nada nuevo bajo esta estrategia. En todo caso, trataría de institucionalizar las misiones sociales chavistas, para mitigar la conflictividad social que se les vendría encima de llegar a gobernar.

Este proyecto económico, necesitará un modelo político donde se reconstruiría el pacto de Punto Fijo, con la concurrencia de los actuales actores oligárquicos agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El tercer camino resucitado

La otra propuesta viene de sectores que han logrado una gran influencia en las instituciones económicas y financieras del Estado, espacios de poder donde se toman las grandes decisiones. Considerando la hegemonía que han logrado, puede considerarse que representan la actual visión del Gobierno. En este caso, se propone un modelo de crecimiento con un sesgo exógeno (promoción de las exportaciones no petroleras), con cierta dosis de Estado de Bienestar, en línea con la asesoría de la socialdemocracia heterodoxa europea.

Es una versión del “progresismo moderno”, que mantiene el discurso socialista, pero con propuestas que tenderán a contradecir la historia de los últimos 8 años, y, por tanto, especialmente, su estrategia se confrontará con el intento por construir el Socialismo del Siglo XXI. Las ideas principales de esta visión se han expresado de la siguiente manera:

a) Las exportaciones petroleras no son suficientes para proveer las divisas (dólares principalmente) necesarias para sostener el crecimiento económico

b) Por tanto, hay que desarrollar un sector exportador no petrolero que genere divisas

c) Para lograr esta orientación exportadora y cerrar el déficit de dólares en CADIVI y en el SICAD[2], hay que atraer la inversión extranjera directa al mismo tiempo que promover un tipo de cambio de mercado, competitivo.

d) Hay que desmontar el control de cambios progresivamente. En el corto plazo, promover un mercado de divisas con un marcador referencial, como paso previo a la apertura de las transacciones externas

e) Hay que recurrir a los mercados internacionales para buscar financiamiento. El énfasis aquí es reestablecer las relaciones con los Bancos de Inversión[3] tradicionales (Credit Suisse, JP Morgan Chase, Nomura, Bank of America, Citigroup, Barclays, etc) para buscar mecanismos de endeudamiento externo

Esta agenda tiene a su favor, un conjunto de problemas económicos que se acumularon desde 2008, entre los que resaltan:

a) Un desorden en el manejo y ejecución de fondos públicos, en divisas, debido a una gran autonomía de los responsables de su administración;

b) mantenimiento durante casi tres años de niveles críticos de reservas internacionales líquidas, lo cual favoreció el ataque cambiario y el precio especulativo del paralelo;

c) Manejo discrecional de pagos en dólares por parte de instituciones y organismos públicos;

d) La omisión ante las permanentes violaciones –por parte del sector privado y de los “ciudadanos”- de la normativa de CADIVI, tal como están saliendo a flote en este momento con las numerosas detenciones por parte de los cuerpos de seguridad;

e) fortalecimiento de la tendencia a la dolarización, a través de la emisión indiscriminada de deuda en dólares, apertura de cuentas de ahorro en dólares, tolerancia ante la fuga de capitales y frente a la participación de la banca en la especulación cambiaria .

¿Cómo funciona el modelo?:

De acuerdo a este tipo de modelo económico, para promover un sector exportador no petrolero, hay que propiciar el tipo de cambio “competitivo”, eliminando significativamente la sobrevaluación. Esta premisa termina siendo antagónica no sólo con el ineficiente control de cambio actual, sino con cualquier control de cambio. Promover el tipo de cambio competitivo, significa en el fondo reducir el costo relativo de la fuerza de trabajo. Esto implica, que las exportaciones contarán con un estímulo oculto en la estrategia del tipo de cambio competitivo: salarios que permitan competir internacionalmente y, que hagan posible obtener las ganancias que sean atractivas para las inversiones.

Como las inversiones de los capitalistas nacionales son insuficientes, se tienen que “atraer” las inversiones extranjeras. La atracción de estas inversiones lleva a dos grandes estímulos: contracción salarial y recursos naturales baratos. En América Latina, este esquema exportador ha tenido “éxito” en cuanto a generar un crecimiento económico estable, como en los casos de Chile y Perú. Pero no es casual que esta expansión esté acompañada del aumento de los niveles de desigualdad, desnacionalización del aparato productivo y una mayor dependencia de la exportación de recursos naturales.

Lo más delicado de esta propuesta, es que se está acompañando con una estrategia de endeudamiento externo, mediado por la banca de inversión, que conducirá a la disminución de la soberanía en la política económica.

El modelo, al cerrar con endeudamiento externo, se verá obligado a cumplir con las condicionales que imponen las instituciones financieras internacionales, primero caerá en manos de la banca internacional y luego necesitará más financiamiento para cubrir el servicio de la deuda externa.

Dentro del condicionamiento y del acorralamiento financiero, se verá obligado a revertir las nacionalizaciones y las estatizaciones que llevó a cabo desde 2005. Aquí no hay ideas innovadoras: al contrario, en América Latina hay ensayos de este tipo. Lo interesante es que, representando una influencia de la socialdemocracia internacional, en un intento de “domesticar”, “occidentalizar”, y “civilizar” lo rebelde del proceso chavista-bolivariano, termina coincidiendo estratégicamente con el paradigma oposicionista.

Esta visión cuenta con el respaldo de sectores privados, especialmente el poderoso sector bancario-financiero que se ha beneficiado del modelo de acumulación en los últimos nueve años. Sin embargo, también cuenta con aliados circunstanciales.

El economista Víctor Alvarez, mención especial del Premio Pensamiento Crítico, ha venido insistiendo en señalar que el problema está en la existencia de un tipo de cambio sobrevaluado[4], y que hay que proponer un esquema donde el tipo de cambio competitivo permita promover las exportaciones no petroleras. Aunque en su propuesta, propone temas claves como la industrialización y el desarrollo de la economía comunal, en el corto plazo asoma una vertiente liberal bastante ortodoxa, que es incoherente con una concepción progresista, heterodoxa y socialista[5]. Ciertamente, el ex-Ministro en sus análisis sobre la inflación no sólo tiene una gran coincidencia con el monetarismo neoliberal[6], sino que se coloca a la derecha de ellos, cuando utiliza conceptos como “el impuesto inflacionario” o “financiamiento monetario”.[7]

Es decir el modelo propuesto por los pragmáticos es: tipo de cambio competitivo, inversión extranjera directa, promoción de exportaciones y endeudamiento externo…

Esta clase de prescripciones, suponen que el gobierno está en serios aprietos financieros y tiene que recurrir al endeudamiento externo. Por tanto, le terminan dando la razón a la oposición sobre la situación en cuanto que hay una crisis, o que se está a un paso de la crisis.

Cuesta explicar esta “crisis” fiscal y externa, donde escasean los dólares, en una economía donde le entraron al país alrededor de 97 mil millones de dólares en 2012 , tiene una cuenta corriente superavitaria de 11 mil millones de dólares, y el sector público tiene colocado en el exterior 130 mil millones de dólares…[8]

Tal vez Francisco de Miranda, ayuda a comprender estas paradojas, con una premonitoria frase que le atribuyen: “¡Bochinche, bochinche!. ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche!.”

Notas:
[1] Ver entrevista al Economista Pedro Palma titulada “Un tsunami cambiario amenaza con barrer nuestra economía”, publicada enhttp://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/politicas-publicas/un-tsunami-cambiario-amenaza-con-barrer-nuestra-ec.aspx
[2] Cadivi son las siglas por las que se conoce el control de cambio que opera en Venezuela desde 2003, que asigna dólares a una tasa oficial de 6,30 Bs.F. por dólar americano. Mientras que el SICAD (Sistema Complementario de Administración de Divisas) es una modalidad de subasta donde se asigna dólares a sectores o a personas a las cuales se le establece un criterio de prioridad. Su funcionamiento es muy reciente, y en las últimas operaciones ha tenido que utilizar títulos, dándole la razón a la oposición sobre la grave iliquidez de dólares de Banco Central.
[3] Se le llama Banca de Inversión a todo este conjunto de Instituciones Financieras Privadas Internacionales, que han participado en el festín de la deuda externa de los países subdesarrollados. Involucrados en el proceso de financiarización y estafa masiva que significó la crisis financiera y que aparecen en la puerta de los países que tienen urgentes necesidades financieras, ofreciéndoles “productos financieros” que terminan por esclavizar a los pueblos. Son lo más parecidos a los prestamistas o casas de empeño del barrio, que te prestan para luego quedarse con tus posesiones. Sólo que esta mafia opera a escala planetaria y usan trajes de marca. Son la antesala para caer en las garras del Fondo Monetario Internacional.
[4] En una entrevista al Ex-ministro Álvarez, el economista llega a afirmar que “La tragedia de Venezuela no es la devaluación, sino su sobrevaluación…”. En la misma entrevista, se evidencia un estilo de análisis económico que tiene el poder mágico de desaparecer tanto la confrontación de clases como el poder de los sectores hegemónicos. Según esto, el capital financiero es un querubín mientras se le atribuye la culpa al gobierno, de tal forma que Alvarez afirma: “El principal incentivo de esa insaciabilidad o ninfomanía del dólar , lo ofrece la propia política cambiaria, vendiendo una divisa a un precio irrisorio de Bs 6,30, mientras el mercado dice que cuesta tres o cuatro veces más…”. Economista ¿Cuál mercado? El mercado paralelo ¿Es un mercado? Y en el caso que los sea ¿Ese es el tipo de cambio verdadero? Verentrevista en:
[5] Ver “Principales retos económicos de Nicolás Maduro”, en http://www.aporrea.org/ideologia/a164872.html,
[6] Uno de los representantes del monetarismo ortodoxo ha sido el economista Alexander Guerrero, como referencia ver artículo “Venezuela en el umbral de la hiperinflación”, enhttp://alexanderguerrero.com/muestras.php?id=215#.UifkmMb2i8o
[7] El concepto de “impuesto inflacionario” es una bazofia ideológica que los ultramonetaristas han tratado de imponer para validar su posición. Se trata de explicar la inflación como resultado exclusivo de la acción del Gobierno, quien al aumentar la cantidad de dinero circulante en la economía, se mete en el bolsillo del pueblo y le cobra un impuesto. Con ello demuestra la capacidad que tienen los economistas neoclásicos de hacer ciencia-ficción, para tratar de hacer invisible la presencia del Capital y sus representantes. Para una muestra de esta concepción monetarista, ver artículo de Alexander Guerrerohttp://alexanderguerrero.com/imagenes/PDF_02032013230510.pdf
[8] FUENTE: Banco Central de Venezuela. En http://www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp

- Simón Andrés Zúñiga


es Economista venezolano, miembro de la Sociedad de Economía Política Radical (SER)

La urgencia de medidas de política económica: algunas propuestas




Simón Andrés Zúñiga
Alainet

La difícil coyuntura económica y los continuos titubeos (1) en el más alto (y nuevo) gobierno han impedido que hasta el momento se pongan en vigor una serie de medidas graduales, pero urgentes, para enfrentar los principales problemas económicos y financieros de corto plazo, entre ellos el repunte inflacionario y la alarmante desaceleración del Producto Interno Bruto. Ambos síntomas negativos tienen un punto en común: el ataque cambiario.

Sectores económicos fácticos, nacionales e internacionales, han sido exitosos en la ejecución de una agenda que persigue ampliar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo. Ejerciendo una presión mediática para obligar al gobierno a devaluar, como efectivamente lo hizo en febrero pasado. Es imprescindible desarmar de inmediato esta estrategia desestabilizadora que amenaza con consolidar un cuadro de estanflación (estancamiento con inflación).

La intención de este análisis es contribuir propositivamente a la toma de decisiones en materia de política económica, centrado principalmente en la preocupación de garantizar la continuidad del proceso político y del apoyo popular de la opción socialista.

El futuro inmediato del naciente chavismo (como movimiento claramente revolucionario) y de la gestión de gobierno del presidente Nicolás Maduro dependerá, entre otros factores principales, de la política económica que lleve a cabo en los siguientes meses. Este primer gobierno  chavista, presidido por Maduro, debe tener una política económica que se diferencie sustancialmente de aquellas prácticas de sesgo monetarista, neoliberal y pro-capitalista que apuntan a “recobrar los equilibrios,  las buenas prácticas y la competitividad del tipo de cambio” a costa de la reducción del costo laboral, contracción de las actividades productivas, pérdida de soberanía económica, desempleo y deterioro de los indicadores sociales.

El gobierno de Maduro no debe iniciarse con políticas económicas que: a) afecten el ingreso y el empleo de los trabajadores, es decir de la principal base de apoyo del chavismo; y, b) comprometan el margen de maniobra y la independencia de la misma política económica en el futuro, especialmente medidas que incrementen la dependencia con el capital financiero nacional e internacional.

Superar los tropiezos: aprendizajes políticos de la devaluación de febrero

La medida de devaluación tiene una incidencia negativa sobre las remuneraciones de los trabajadores y sobre el apoyo político al chavismo.

El ajuste del tipo de cambio debió tener un impacto, no despreciable, sobre el resultado electoral, sobre la dimensión subjetiva de la lucha política.   En este segundo aspecto, la medida causó confusión entre el pueblo que venía expresando su apoyo al gobierno de Chávez y entre no pocas organizaciones políticas y militantes revolucionarios. De hecho, fue una medida esperada por los representantes del capital  (nacional e internacional) quienes ya tenían preparada una estrategia para acusar al gobierno de aplicar un “paquetazo rojo”.

Pero esa medida ya se tomó, y su impertinencia ya está cobrando su cuota política.  Aprendamos la lección con autocrítica, pero tomando distancia de la crítica paralítica y oportunista, asumiendo una crítica propositiva. Se trata de construir propuestas desde y para las bases populares chavistas contribuyendo con la unidad pueblo-gobierno-fuerzas armadas.   Tenemos que defender el primer gobierno chavista dándole herramientas para mantener su independencia.

Un aspecto del diagnóstico: Los diques y las filtraciones de la economía venezolana

Por razones de brevedad, resaltaremos sólo un aspecto importante del diagnóstico para comprender la actual coyuntura económica. Empecemos por resaltar que una de las contradicciones inmanente al funcionamiento de la economía venezolana, es su incapacidad para retener el ingreso externo proveniente de su principal fuente de exportación. La economía venezolana tiene dos productos principales de exportación: petróleo y dólares.

Ciertamente, la burguesía venezolana se ha especializado en una actividad exportadora muy rentable y que no implica un gran esfuerzo productivo: es altamente eficiente capturando, empaquetando y enviando los petrodólares al exterior. Los activos del sector privado en el exterior alcanzaron  un extraordinario saldo a finales del año 2012, de 160.279 millones de dólares. ¡Esta cifra representa más de 5 veces las reservas internacionales! Buena parte de estos activos están en cuentas bancarias (2).

Se deben tomar medidas que fortalezcan el control de capitales, para que este desangramiento de la economía venezolana no continúe a este ritmo.

Los poderes fácticos se han valido de la existencia de mecanismos de endeudamiento utilizados por el gobierno. Instrumentos como la emisión de deuda indexada en dólares y las anteriores notas estructurales (recomendados por asesores vinculados con los poderes del capital financiero internacional), son tan fatales como la cocaína para el ser humano: crean euforia en el organismo económico, luego (al no resolver el problema fiscal en forma estructural) crean adicción y finalmente terminan matando.

Los poseedores (tenedores) últimos de estos bonos, serán los primeros que promocionarán la devaluación, para revalorizar sus activos en bolívares y continuar con esta centrífuga financiera que permite capturar exponencialmente grandes cantidades de recursos que se trasladan a otros circuitos de acumulación financiera. Dentro de un año o dos, el gobierno será nuevamente arrinconado por los promotores de la devaluación, y como no ha diversificado las fuentes de ingreso y no ha aumentado la eficiencia de la burocracia pública, se verá obligado a devaluar. Este el círculo vicioso del endeudamiento-devaluación-inflación-devaluación. Finalmente, justificará un nuevo endeudamiento externo (directo o indirecto). Y así se reinicia un ciclo mortal que lleva a la reducción de la soberanía en la elaboración de políticas económicas.

Algunas propuestas de política económica:

En forma esquemática se proponen algunas medidas que abordan más el corto plazo.  Las medidas más estructurales las plantearemos en una próxima entrega (3).

1.      Centralizar la gerencia de los fondos y de los activos externos en poder del sector público

No estamos frente a una grave situación de crisis o restricción externa, sino frente a una situación que reclama urgentemente el manejo eficiente de los activos externos y de los flujos de caja. A corto plazo, se tienen que identificar los fondos existentes y administrarlos bajo un criterio de superación de la iliquidez en la coyuntura, ya que muchos de ellos están siendo administrados con criterios de rentabilidad financiera y de inversión a largo plazo. La erogación de estos fondos es cuantiosa y descontrolada.

No se trata sólo de fortalecer las reservas internacionales con fines cambiarios (que por demás es obligatorio para detener la escalada del paralelo), sino con el propósito de garantizar el abastecimiento y mantener el ritmo de actividad económica necesario.

2.      Cambios en la estructura de financiamiento del Estado y mejorar la eficiencia del nuevo marco institucional de la distribución de la renta petrolera

Más que un problema ortodoxo de déficit o de crisis fiscal, estamos frente a un desorden y descoordinación de los diferentes niveles de fondos públicos. Estamos frente a un problema de Flujos de Caja, y el tratamiento de este no se debe abordar de forma homogénea, sino de forma partícular, específica y coordinada.

Se impone una reprogramación del flujo de la Tesorería por parte de la ONAPRE y Tesorería Nacional, que debería facilitar el manejo de la ejecución presupuestaria, sin necesidad de otros endeudamientos en dólares o de la devaluación fiscalista. Se impone una solución al flujo de caja de PDVSA sin que esta solución traslade el problema al BCV, contagiándolo de su desequilibrio.

Estas medidas de corto plazo deben estar acompañadas de medidas más estructurales como la reestructuración tributaria, especialmente en el diseño e implementación de tributos no petroleros de carácter progresivo, disminuyendo el peso altamente regresivo del (IVA).

3.      Iniciar ahora el diseño de la reestructuración tributaria

La reestructuración tributaria no petrolera,  es un programa de mediano plazo, pero su diseño y su viabilidad deben construirse  de inmediato.  A mediano plazo la reforma fiscal debe aplicarse en forma ineludible si se quiere garantizar la sostenibilidad del modelo socio-económico chavista. Dentro de la economía venezolana hay recursos financieros que pueden ser captados por el Estado en beneficio de la estrategia trazada por el segundo plan socialista.

Hay que enfrentar las estrategias económica-financieras, que incluyan el endeudamiento externo. Esta estrategia ya está en curso, protagonizadas por operadores locales del capital financiero transnacional. Los trabajadores y el movimiento popular revolucionario deben oponerse al incremento del endeudamiento externo,  porque -como ya sabemos- el aumento de la deuda externa es el camino de la dependencia, es decir es el camino al infierno.

4.      Cambios en el sistema de administración de divisas

La creación del Órgano Superior Cambiario es una medida que avanza en el camino correcto. Sin embargo, existen poderes fácticos dentro del gobierno que actualmente  conspiran para que esfuerzo fracase. Tratando de boicotear su funcionamiento y se termine desmontando el control de cambios.

Mejorar la eficiencia y la efectividad del control de cambio es fundamental para desmantelar los estímulos que actualmente explican el ascenso del mercado paralelo.

Se requiere una inyección urgente y significativa de liquidez en el saldo de divisas operativas que maneja el BCV, para que se atiendan los cuellos de botella que la nueva administración de CADIVI está intentando resolver. Esta inyección y reforzamiento de la liquidez en divisas se puede hacer en cuestión de horas.

5.      Garantizar el abastecimiento de bienes salarios. Fortalecer a MERCAL

Dentro de esta línea es fundamental garantizar el abastecimiento alimentario. No sólo es un problema de precios sino de disponibilidad de productos. Es por eso que: a) se debe reforzar la Misión Mercal; b ) se debe hacer una revisión de los procesos de Mercal y PDVAL, con el objetivo de ampliar su cobertura en forma significativa; c) se debe aumentar la seguridad alimentaria en rubros alimenticos fundamentales

En el corto plazo, se debe garantizar el abastecimiento de los principales rubros alimentarios y de aquellos rubros que causan malestar en la población, como medicinas para enfermedades como la diabetes, insuficiencia renal, entre otras, así como la provisión de medicinas para los niños. No deben faltar en las estanterías artículos como pañales, papel sanitario etc…

Como gran parte de la provisión de alimentos se hace a través de las importaciones, es importante que los mecanismos actualmente existentes mejoren su transparencia en las compras y se disminuya las ineficiencias, los desvíos, los negocios con traders internacionales que dejan pingües ganancias a funcionarios corruptos.

6.      Disminuir el poder del capital financiero parasitario

Tenemos una economía secuestrada por la banca privada. La oligarquía del dinero tiene en la revolución bolivariana uno de los negocios más lucrativos en cuanto no necesita vivir de los depósitos del público, ni de la intermediación entre ahorristas e  inversionistas, sino que dispone de la provisión de recursos abundantes provistos por la renta petrolera a través de los organismos públicos.

Hay que avanzar hacia el control y disciplinamiento de la banca privada.

7.      Fortalecer la planificación

Relanzar la Comisión Central de Planificación. Ningún proceso de transformación socialista ha podido madurar sin la planificación. La Comisión Central de Planificación no es incompatible con el poder comunal y con la planificación local, tal como fue atacada por algunos cultores fetichistas del poder comunal y de la planificación local. 

Si no ponemos orden en el manejo de los recursos públicos, disciplina en el cumplimiento de  las decisiones de Estado y coherencia entre la estrategia del  Plan Socialista y las decisiones operativas…¡nos iremos simplemente al carajo! Y, por unos 50 años; el pueblo no querrá saber de socialismo.

8.      Recomponer el ingreso laboral y mantener el empleo de los trabajadores

Es fundamental la recuperación del salario, del ingreso familiar y el mantenimiento del empleo. Cuando hablamos de salarios no nos limitamos al salario mínimo, sino a todos los salarios de la economía. Especialmente al sector privado donde las remuneraciones están rezagadas. Cuando nos referimos al ingreso familiar incluimos, además de las remuneraciones, las misiones, el sistema de salud, el sistema educativo y el sistema cultural.

Ahora bien, esta necesaria recomposición de los ingresos laborales no debe limitarse a las acciones del gobierno en cuanto a salario mínimo y misiones. Luego que el gobierno hace lo suyo, el sector laboral organizado debe profundizar esta lucha por mejores remuneraciones, especialmente en el sector privado. Esto significa profundizar la lucha de clases bajo la organización política, en los diferentes espacios vitales: el lugar de trabajo, el lugar de habitación (el barrio, la urbanización…) y la calle. 

El aumento del salario mínimo anunciado, el Primero de Mayo, por el Presidente Maduro, va en camino correcto. Sin embargo, el proceso inflacionario actualmente en marcha exige por parte de los trabajadores organizados una actitud más activa.

9.      Enfrentar la corrupción como obstáculo económico

El nivel de corrupción e ineficiencia es otro factor que no solamente incide en el desgaste del modelo político actual y que conspira contra la esperanzas de muchos seres que creemos en una sociedad socialista justa. La práctica generalizada de la corrupción por grupos o castas enquistada en el aparato del Estado, es además uno de los principales obstáculos para construir un modelo económico socialistas.

La tolerancia hacia la corrupción se ha convertido en una cultura, esta cultura de la corrupción tiene diversas expresiones en el peculado, el desvío de fondos, la negociación de recursos naturales (como el oro y el  coltán) y  la práctica del nepotismo.

La ética socialista, el modelaje de buen proceder revolucionario, ha sido -en la historia del movimiento socialista- una de las fuerzas subjetivas más poderosas. Se trata de seguir, hasta las últimas consecuencias, la orientación contenida la frase expresada por el Presidente Maduro, en ocasión de la instalación oficial del Consejo de Estado de la República de Venezuela:

“…no hay ladrón socialista, no hay, no hay corrupto socialista, ahí capturamos a uno, puede ser que tuviera una boina roja, pero en su alma tenía el capitalismo, tenía a Judas, tenía la traición al voto de confianza que se le dio. Podemos construir una sociedad de hombres y mujeres honestos, un Estado que funcione de manera eficiente y honesta, si podemos…” (Nicolás Maduro, 11/06/2013)

- Simón Andrés Zúñiga es economista venezolano, miembro de la Sociedad de Economía Política Radical (SER).


NOTAS:
 (1)   Diversos voceros gubernamentales han anunciado que vienen varías medidas para enfrentar el problema cambiario, pero no terminan de cuajar como medidas. Mientras, por otro lado, toma medidas como la constitución del Órgano Superior Cambiario y el SICAD, y ambas son letra muerta de Gaceta Oficial porque no están funcionando (o el poder financiero boicotea su funcionamiento).
(2)   FUENTE: Banco Central de Venezuela. En http://www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp

(3)   Temas como la industrialización y la producción agrícola, son parte importante del corazón de la discusión sobre el modelo de acumulación y el estilo de desarrollo. Sin embargo, estas propuestas se centran en la coyuntura adversa que atraviesa de economía venezolana y la necesidad de tomar medidas urgentes. 

"Sembrar el petróleo" - Arturo Uslar Pietri


Editorial Sembrar el Petróleo. Diario Ahora Nº183 del 14 de julio de 1936

Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico y financiero de Venezuela se hace angustiosa la noción de la gran parte de economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga.

En efecto, en un presupuesto de efectivos ingresos rentísticos de 180 millones, las minas figuran con 58 millones, o sea casi la tercera parte del ingreso total, sin numerosas formas hacer estimación de otras numerosas formas indirectas e importantes de contribución que pueden imputarse igualmente a las minas. La riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no es solamente limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional. Esta gran proporción de riqueza de origen destructivo crecerá sin duda alguna el día en que los impuestos mineros se hagan más justos y remunerativos, hasta acercarse al sueño suicida de algunos ingenuos que ven como el ideal de la hacienda venezolana llegar a pagar la totalidad del Presupuesto con la sola renta de minas, lo que habría de traducir más simplemente así: llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable.

Pero no sólo llega a esta grave proporción el carácter destructivo de nuestra economía, sino que va aún más lejos alcanzando magnitud trágica. La riqueza del suelo entre nosotros no sólo no aumenta, sino tiende a desaparecer. Nuestra producción agrícola decae en cantidad y calidad de modo alarmante. Nuestros escasos frutos de exportación se han visto arrebatar el sitio en los mercados internacionales por competidores más activos y hábiles. Nuestra ganadería degenera y empobrece con las epizootias, la garrapata y la falta de cruce adecuado. Se esterilizan las tierras sin abonos, se cultiva con los métodos más anticuados, se destruyen bosques enormes sin replantarlos para ser convertidos en leña y carbón vegetal. De un libro recién publicado tomamos este dato ejemplar: «En la región del Cuyuní trabajaban más o menos tres mil hombres que tumbaban por término medio nueve mil árboles por día, que totalizaban en el mes 270 mil, y en los siete meses, inclusive los Nortes, un millón ochocientos noventa mil árboles. Multiplicando esta última suma por el número de años que se trabajó el balatá, se obtendrá una cantidad exorbitante de árboles derribados y se formará una idea de lo lejos que está el purguo». Estas frases son el brutal epitafio del balatá, que, bajo otros procedimientos, hubiera podido ser una de las mayores riquezas venezolanas.

La lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.

La parte que en nuestros presupuestos actuales se dedica a este verdadero fomento y creación de riquezas es todavía pequeña y acaso no pase de la séptima parte del monto total de los gastos. Es necesario que estos egresos destinados a crear y garantizar el desarrollo inicial de una economía progresiva alcance por lo menos hasta concurrencia de la renta minera.

La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros.

Esa sería la verdadera acción de construcción nacional, el verdadero aprovechamiento de la riqueza patria y tal debe ser el empeño de todos los venezolanos conscientes.

Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo.

14 de julio de 1936


Arturo Uslar Pietri

Gumersindo Torres y la siembra del petróleo en Venezuela



Por: Humberto Trómpiz Valles
Aporrea
| Jueves, 06/01/2011 02:53 PM | Versión para imprimir

La historia petrolera de Venezuela que circula en las Altas Casas de Estudio y en la Educación Básica del país, ha estado contamina da de ideología, en el sentido de que oculta muchas verdades, refiere medias verdades y ha creado una serie de mitos sobre la explotación de nuestro principal rubro exportable. En estos tiempos de fracturas históricas nacionales y mundiales, se impone una revisión a fondo de los conocimientos histórico –petroleros que han confundió a muchas generaciones de connacionales y  que amenazan con seguir manteniendo a nuestro pueblo en un peligroso analfabetismo petrolero, sobre todo, cuando nuestra soberanía está en peligro, por las acuciantes demandas energéticas de los países imperialistas. Entre el arsenal ideológico–petrolero que se le ha administrado a la conciencia del venezolano desde hace más de ochenta años,  se destacan las siguientes aseveraciones:

1.-La propiedad nacional de subsuelo y por ende, del petróleo en Venezuela, descansa en la tradición jurídica hispano-colonial y en el célebre decreto de Bolívar de 1929.

2.-El gobierno gomecista en materia petrolera fue entreguista y corrupto, pero su ministro petrolero estrella, Gumersindo Torres,  fue probo y nacionalista.

3.-La Ley Petrolera de 1943, promulgada por Medina Angarita y que estuvo vigente hasta 1975, lesionó la soberanía nacional, al extender por más de cuarenta años las concesiones petroleras.

4.-El repartimiento de los proventos petroleros mitad y mitad, es decir el fifty-fifty adeco de la época del Trienio (1945-1948), fue un arreglo cojonudo para la nación.

5.-El Perezjimenismo se entregó al imperialismo petrolero al abrir la política de nuevas concesiones.

6.-Rómulo Betancourt y Juan Pablo Pérez Alfonso son los padres putativos de la OPEP.

7.- PDVSA estuvo mejor administrada cuando reinaban en su gerencia los Giusti, Sosa Pietri y Calderón Berti.

8.-En materia petrolera, Venezuela es un país explotado por el imperialismo.

9.-El creador de la idea de sembrar el petróleo en el desarrollo nacional fue Arturo Uslar Pietri.

Si estas observaciones las sometemos al tamiz de la documentación existente sobre la materia, así como también,  a los últimos avances en materia de la economía política petrolera, vernos como cada una de ellas se derrumba, mostrándonos su unívoco carácter ideológico, o sea, de falsa conciencia. Ese manto ideológico que se ha tendido sobre nuestra historia petrolera no es fortuito,  sino que responde a ciertos y determinados intereses económico-politicos, tanto nacionales como internacionales; de manera que nuestro analfabetismo petrolero ha sido planificado desde las más altas esferas del capital. No debemos olvidar que en los tiempos de la llamada Meritocracia Petrolera, impulsora de la Apertura Petrolera, se les ofreció a las universidades públicas, eliminar los cursos de historia y economía petrolera, a cambio de una magra participación en el negocio de los hidrocarburos. En vista de que el socialismo ineludiblemente debe afincarse en la investigación científica, a fin de derrotar la falsa conciencia, se hace necesario ir desmontando el montón de falacias que se tienen como verdades absolutas en relación a nuestro principal producto exportable. Vamos a empezar refiriéndonos a la Siembra del Petróleo que la historia oficial escrita por pensadores de la oligarquía criolla y de algunos llamados progresistas, le han atribuido a Arturo Uslar Pietri.

Ciertamente en 1936 en el “Diario Ahora” Uslar Pietri publico su célebre editorial  donde llamaba a sembrar el petróleo en el desarrollo económico nacional. En palabras de este autor:

Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales1

Así justificó Uslar Pietri la siembra del petróleo cuando se inició el gobierno del López Contreras, destacando la naturaleza parasitaria del ingreso petrolero y suministrando la sustancia ideo-política legitimadora de la renta petrolera. Sin embargo, cuando se iniciaba la explotación hidrocarburera en nuestro país,  surgieron al mismo tiempo,  las dos grandes cuestiones que han acompañado la explotación de este rubro: ¿A quién pertenece el petróleo depositado por la naturaleza en el subsuelo nacional y qué  destino le debemos dar los venezolanos a los proventos generados por dicha actividad económica? El gobierno gomecista, encabezados por su ministro de petróleo Gumersindo Torres, dio respuesta a estas dos grandes interrogantes sobre la economía petrolera que se estrenaba. Las limitaciones de espacio de este artículo nos impiden extendernos en las consideraciones sobre el origen de la renta aceitera formuladas por este Ministro; solamente queremos dejar constancia que en cuanto al destino de la renta petrolera, ya Gumersindo Torres en 1918, había propuesto la idea primigenia de sembrar el petróleo en la agricultura, cuando a fin de justificar la participación de los terratenientes criollos en el negocio petrolero afirmó:

El reconocimiento del derecho de los propietarios del suelo siquiera a la preferencia para obtener de la Nación la facultad de explotar el subsuelo, mediante el pago de los impuestos legales valorizaría enormemente la propiedad territorial porque los agentes de las compañías tendrían que entenderse previamente con ellos para obtener esa facultad, en lugar de entenderse con un contratista único como hasta ahora. La valorización de la propiedad territorial se traduciría naturalmente en la prosperidad general de la respectiva región y en el aumento consiguiente de las rentas fiscales, como sucede cada vez que sube el precio de los bienes inmuebles o de los frutos del país.2

Tal como se desprende de esta cita del Ministro Torres, la explotación petrolera era altamente beneficiosa para el país,  por cuanto permitía a los terratenientes obtener preferencialmente concesiones que redundarían en la valorización de la propiedad territorial, lo cual impulsaría la prosperidad de la agricultura criolla y de toda la región donde se ubicasen los yacimientos petroleros, aumentando de paso, los rendimientos de las rentas internas. De manera que para Torres el destino de la renta petrolera no podía ser otro que el de su inversión en nuestra actividad económica ancestral, o sea, la agricultura. Así legitimaba Torres el cobro de la renta petrolera al capital petrolero internacional y la participación privada en la actividad hidrocarburera que se iniciaba por aquellos años del Gomecismo. Concluimos entonces en que si bien la paternidad de la frase pertenece a Uslar Pietri, la idea de sembrar el petróleo en la agricultura fue formulada inicialmente por el Ministro coriano Gumersindo Torres.
………………………………………….
1.-USLAR PIETRI, Arturo: “Sembrar el Petróleo”. En Diario Ahora. Caracas, 1936. http://www.analitica.com/bitblio/uslar/sembrar_el_petroleo.asp
2.- MINISTERIO DE FOMENTO.. Memoria de Fomento de l918, Pág. XXI.

Prof.-UNEFM

trompizvalles@hotmail.com