sábado, 28 de marzo de 2015

El Tobogán de los Precios del Petróleo




Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO_ALEM)

En los últimos 8 meses el precio del petróleo registró una de las caídas más importantes de los últimos años, al punto que el crudo marcador Brent llegó a los 45 $/b en enero de 2015 lo que significó su nivel más bajo desde febrero de 2009; esto sin duda encendió las alarmas tanto de inversionistas de mercados a futuros, empresas petroleras de diversos signos como a estados que dependen de la renta para la reproducción de sus sociedades. La pérdida de valor del crudo desde junio del 2014 (inicio del descenso de los precios) hasta enero de 2015 (el punto más bajo por ahora desde entonces) ha sido muy significativa. La cesta OPEP pasó de 110,26 $/b a 41,65 $/b, el WTI bajó de 107,8 $/b a 45,92 $/b, mientras que el Brent sufrió una caída desde los 115,2$/b a los 44,13 $/b, es decir un descenso de 62%, 57% y 61% de sus precios respectivamente, ver gráfico 1. Tratar de entender un poco el porqué de esta importante detrimento, las perspectivas a corto y mediano plazo del mercado petrolero y las implicaciones que tiene dicha caída para Venezuela, dado su carácter de extrema dependencia de los ingresos petroleros, son los objetivos de este artículo.
Gráfico 1. Precios del petróleo 



El desmoronamiento de los precios: ¿un producto de la conspiración?

Para algunos analistas los precios del crudo han venido disminuyendo como consecuencia de una estrategia política norteamericana para generar problemas fiscales a sus gobiernos enemigos, especialmente Rusia, Irán y Venezuela. Incluso algunos como Fernando Travieso (asesor en materia petrolera de la Asamblea Nacional) ha declarado que EEUU ha inundado el mercado para provocar la caída de los precios, que a su vez arrastren hacia abajo los precios de la gasolina en su mercado interno y así generar una mayor aceptación de la población para con su gobierno que gozaría de esta manera de la legitimidad suficiente para todas las incursiones y aventuras militares necesarias en Siria, Irak etc . Es decir la conspiración política sería la causante del derrumbe de los precios. Conspiración que tendría un gran apoyo en la producción de Arabia Saudita, aliado norteamericano en el medio oriente, para enfrentar a un enemigo común: Irán. Esto lo lograría el gobierno de EEUU elevando su producción interna, disminuyendo drásticamente sus importaciones y saturando el mercado en consecuencia. La vía para lograr esto es a través de la explotación de los famosos "esquistos", también denominados petróleos de lutitas o shale oil como se conocen en inglés.

Sin embargo esta supuesta estrategia conjunta pierde de vista la esencia del mercado: la competencia. Tanto así que el boom del shale oil, como también la importancia del mercado asiático, ha desplazado parte del crudo saudí exportado a los EEUU, obligándole a trasladarse a otros mercados . En otras palabras los productores de petróleo de lutitas en los EEUU, los sauditas y demás productores compiten para incrementar o preservar sus mercados, en un escenario petrolero con muchos más competidores que en décadas previas, gracias -entre otras cosas- a que los altos precios de los últimos 10 años han hecho rentable la producción de crudos no convencionales de alto costo como las arenas bituminosas de Canadá, de aguas profundas en Brasil y la costa occidental de África y las mentadas lutitas norteamericanas. También carece de lógica que EEUU inunde el mercado con producción de shale oil para que caigan los precios -con fines políticos recordemos- cuando el costo de producción de estos hidrocarburos está entre los 50$ y 60$ por barril, es decir poner seriamente en riesgo su propia rentabilidad, o en términos criollos: cuchillo para su propia garganta. Lo que sí es perfectamente lógico es que tanto a estos productores como a Venezuela ni a Irán les conviene un precio bajo.

Lo cierto es que la producción de crudo norteamericana que venía en picada desde los 80' encontró su punto mínimo en 2005 cuando comienza un importante repunte de producción gracias al crudo extraído fundamentalmente de las lutitas que ha hecho descender sus importaciones totales a la mitad, pasando de 12 MMBD a mediados de la década pasada a unos 6 MMBD en la actualidad. Esta tendencia que se viene desarrollando en los EEUU -que burló dicho sea de paso todos los pronósticos hechos en décadas previas que auguraban al país del norte sin petróleo para la fecha- no explica puntualmente el descenso vertiginoso de los precios desde mediados de 2014, de ser así ya hace unos años atrás se hubiesen manifestado de alguna manera. ¿Entonces que está detrás del derrumbe de los precios que estamos viviendo? Se debe fundamentalmente a tres factores: la apreciación del dólar norteamericano, la recesión y/o ralentización de la economía y la sobreproducción en el mercado petrolero.

Durante el primer semestre del año pasado el dólar mantuvo una relación de paridad sin mayores cambios con respecto a las principales monedas, sin embargo a partir del segundo semestre este comienza a apreciarse. Entre los meses de junio 2014 y enero 2015 la relación dólar/euro pasó de 0,73 a 0,88 lo que significa una apreciación del 20%, por su parte la relación entre el dólar y la libra esterlina pasó de 0,59 a 0,66 lo que equivale a una apreciación del 11%, por otro lado mientras que un dólar costaba 101,7 yenes a inicios del mencionado periodo costó al final del mismo 117,8 yenes, es decir el dólar se apreció un 16%, ver gráfico 2. Esta pérdida de valor de dichas monedas con respecto al dólar norteamericano se traduce en un barril de petróleo -que se cotiza en esta moneda - más caro para las economías que deben cambiar sus respectivas divisas por el billete verde, debilitando en consecuencia la demanda de crudo, sobre todo si tomamos en cuenta que entre la Zona Euro, Inglaterra y Japón se consumen unos 19 MMBD, es decir una quinta parte del total mundial.
Grafico 2. Apreciación del dólar en relación a otras monedas



El segundo factor es la recesión y/o ralentización de las economías más importantes del globo. La economía japonesa, tercera más grande del mundo, cayó 1,6% en el tercer trimestre del año 2014, entrando en recesión al decrecer por dos trimestres consecutivos, al sufrir una caída también del trimestre anterior en un 1,9% . La zona euro por su parte ha mostrado crecimientos muy tímidos en 2014, con cifras de 0,3%, 0,1% y 0,2% para cada trimestre del año, observando su crecimiento menor entre el segundo y primer trimestre . El monstruo chino a pesar de sus aún enormes tasas de crecimiento ha experimentado también una leve ralentización de su economía al crecer a tasas ligeramente menores que en 2013, siguiendo la tendencia decreciente de los últimos 4 años. Mientras en 2011 China crecía al 10%, en 2012 lo hizo al 8,5%, en 2013 al 8% y al año pasado al 7%. Debemos recordar que el auge de los precios de las materias primas de la última década se debió en buena medida al enorme crecimiento del país asiático, por lo tanto si la locomotora china va disminuyendo su velocidad también lo harán las materias primas. Es decir estamos presenciando una ralentización de la economía mundial, con sus principales economías en recesión, como la japonesa, o con crecimientos cada vez menores como en la zona euro y China.

Estos primeros dos factores evidencian problemas para la acumulación de capital, por el peso que tienen las economías mencionadas. Un elemento que le da fuerza a esta aseveración es el comportamiento del precio -a la baja- de los commodities (materias primas). La variación anualizada de precios en enero de 2015 para diversas materias primas fue la siguiente: carbón -24%, gas natural -39%, soja -23%, arroz 7%, algodón -26%, trigo -10%, cobre -20%, hierro -47%, plata -13% y oro 1%. Esto significa que el tobogán por el que han descendido los precios del crudo también ha servido para el descenso del precio de la mayoría de los commodities; corroborando el carácter de materia prima del petróleo y que las causas fundamentales de su precio se deben a aquellas que también explican el comportamiento más general de los precios de las mercancías. En el grafico 3 podemos observar a el índice de precios de algunas de estas materias primas tomando como base enero de 2014. También se observa referenciado en el eje derecho el índice de precios de commodities que calcula el FMI.
Grafico 3. Índice de precios de materias primas



Aun así con todo lo anterior, no podemos perder de vista las especificidades del mercado petrolero. En este sentido hay que resaltar cierto nivel de sobreproducción, el tercer factor, por la que ha atravesado dicho mercado. Para los dos primeros trimestres del año pasado la producción petrolera, según la OPEP, fue de 91,2 MMBD y 91,3 MMBD mientras que la demanda fue de 90,2 MMBD y 90,1 MMBD respectivamente, es decir una sobreproducción de 1 MMBD y 1,2MMBD para el primero y segundo trimestre, para el año 2014 la sobreoferta total fue de 1 MMBD. La Agencia Internacional de Energía (AIE) por su parte ubica la sobreproducción en un nivel similar al estimar la demanda mundial en 92,4 MMBD y la oferta en 93,3 MMBD.

Perspectivas a corto y mediano plazo

En noviembre del año pasado se efectuó una reunión extraordinaria de la OPEP para tratar el tema de la caída abrupta de los precios. Allí en lugar de lo que muchos analistas esperaban, la decisión de un eventual recorte para "recuperar" los precios no se tomó, derrotando de esta manera los planteamientos de Venezuela, Ecuador e Irán que abogaban para tal fin e imponiéndose la posición de los países del Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudita. Los primeros urgidos un barril de 100 dólares para efectos fiscales y los segundos más ocupados en disputarse cuotas de mercado con los nuevos competidores de alto costo de extracción (lutitas, aguas profundas y arenas bituminosas), llegando los sauditas a vender con descuentos al mercado asiático en momentos de pleno derrumbe del precio. El carácter de "cartel" de la organización petrolera queda en tela de juicio al presentar semejantes contradicciones.

Una de las especificidades de la rama petrolera, en torno a los precios, y que comparte con todas las ramas asociadas a la explotación de recursos naturales -es decir bienes no producidos por el trabajo humano-, es que el productor con costos más altos servirá de referencia para el piso que tendrán los precios en cuestión. En este sentido en un trabajo de Asdrúbal Baptista , nos muestra que los costos de producción en los EEUU han venido subiendo de manera sostenida desde mediados de los años 70, ubicándose en la actualidad por encima de los 50 $/b, señalando en consecuencia que dichos costos representan un piso para los precios del petróleo por debajo del cual no caerán de forma sostenida. De hecho en estos momentos se ha dado un leve repunte de los precios al recuperarse a los niveles de diciembre de 2014, es decir por encima de los 50 dólares. Este leve repunte de los precios pudiera explicarse por una menor actividad de perforación -medida en número de taladros- en los EEUU como consecuencia de la caída de los precios que presiona la rentabilidad de los productores de alto costo. Mientras en el último cuatrimestre de 2014 el número de taladros estuvo alrededor de los 1900, a finales de enero bajo a 1543 y para el 20 de febrero descendió a 1310 taladros .

La recuperación del precio a los niveles previos a la caída, es decir en torno a los 100 dólares, dependerá de cómo se desenvuelvan los factores acá descritos como causas, los cuales tienen que ver fundamentalmente con los vaivenes de la acumulación de capital, con la posibilidad que tenga el capital de sortear o postergar una nueva crisis que ya presenta ciertos síntomas en algunas de sus economías más importantes. Por otro lado si bien el petróleo es una mercancía estratégica por todas las implicaciones que tiene (fuente de energía, materia prima, renta para países menos desarrollados), y por ende la política está presente para hacer lobby y lograr concesiones en reservas importantes o lograr acuerdos comerciales con tratos preferenciales, etc., éste no escapa de la lógica mercantil producto de las relaciones sociales de producción imperantes; por lo tanto su precio no obedece a las estrategias conspirativas de determinado centro de poder que desde las sombras imponen un precio a su antojo, sino que más bien se deduce de la acumulación de capital, la competencia en el mercado y la disputa por la renta.

Implicaciones para Venezuela

El impacto de la caída en los precios es importante para la economía venezolana, siendo el 96% de los ingresos en divisas por concepto de exportaciones petroleras, y donde las importaciones representan el 40% del PIB, es decir, es evidente que una economía rentista será afectada de gran manera ante una caída de los precios como la actual. La cesta venezolana de petróleo cerró la semana del 20 de febrero de este año en 50,56 $/b lo que significa un 43% menos respecto del 2014 y 48% menos que en 2013. La Asamblea Nacional calculó unos meses atrás y ratificó a principios de año el presupuesto de la nación basado en un barril a 60 dólares; por lo que de no haber este año una recuperación significativa de los precios la crisis actual lo que hará es agudizarse.

Por cada dólar que descienda el precio del crudo se dejan de percibir unos 700 millones de dólares, lo que significa que un hipotético precio del barril en 65 dólares para el 2015 implicaría una merma de 20 mil millones de dólares aproximadamente. Cifra que equivale a más del 24% de las importaciones totales en 2012 por 77 mil millones de dólares, 29% de las importaciones totales de 2013 y 93% de las reservas internacionales a la fecha (se redujeron a la mitad en menos de 5 años al tiempo que aumentó la deuda con el barril en 100 dólares) ; y en un contexto de escasez relativa de divisas por la fuga de capitales vía importaciones fraudulentas que ha causado una impresionante escasez de bienes y una inflación de más de 60%, la situación es realmente crítica.

Urge tomar medidas, pero en una sociedad de clases, ninguna medida es neutra, como la devaluación de la moneda o recurrir a más endeudamiento, medidas que sin duda afectarían a la clase obrera, es decir a los que vivimos de un salario. La venta de CITGO -y otras refinerías- es una suerte de as bajo la manga que le proporcionaría al estado entre unos 10 mil a 15 mil millones de dólares para paliar un poco la situación, aunque según las más recientes declaraciones oficiales al respecto estaría descartada o por lo menos postergada. El aumento "necesario" pero complicado de la gasolina -por ello de quien paga los platos rotos- pareciera ya un hecho para este año luego de más de 15 años de congelamiento del subsidio, pero por el contexto altamente inflacionario en el que vivimos dicho aumento no dejaría de ser un problema. El gobierno anunció recientemente un "nuevo" sistema cambiario para "poner en marcha" una economía productiva y abandonar el rentismo, aunque no se diferencia mucho de los anteriores sistemas cambiarios abre la posibilidad de ir liberando el dólar.

La grave situación que atraviesa la economía implica, en el marco del capitalismo, la aplicación de un plan de ajuste estructural que ordene las cuentas macroeconómicas, por ello todos los economistas (keynesianos y liberales) imploran casi al unísono la aplicación de estas medidas y ya hablan de hacer "sacrificios". El gobierno aún no lo aplica de golpe como recomiendan, más bien pareciera que su estrategia es ir aplicándolo parcialmente pero gota a gota, a menos que los precios del barril se tripliquen de su nivel actual.

Las medidas por izquierda como la expropiación y centralización del capital en áreas esenciales como la banca y el comercio exterior bajo control obrero que pudiesen detener la abrumadora sangría de renta que sufrimos y emprender una verdadera industrialización que sea la base de la transformación productiva de la sociedad, no están en los planes de un gobierno que se dice obrero y revolucionario pero que le entrega los dólares a la burguesía y dilapida renta en microcréditos y financiando capitales locales ineficientes. Estas tareas solo pueden ser desarrolladas por un partido obrero con un programa realmente socialista que se erija como alternativa a la ilusión reformista y a los partidos burgueses. El deber de la izquierda revolucionaria es dedicarse a la construcción de dicho programa.





I. Véase http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/fernando-travieso-aseguro-que-descenso-precio-petroleo-es-coyuntural/
II. Las exportaciones saudíes al mercado asiático pasaron de 53% al 65% del total entre 2012 y 2013. Las exportaciones saudíes a los EEUU descendieron un 3% según datos de la EIA.
III. Millones de barriles diarios
IV. Datos de la recesión japonesa disponible en: http://online.wsj.com/articles/japan-falls-into-recession-1416182404
V. Datos de la ralentización en la eurozona disponible en: http://www.tradingeconomics.com/euro-area/gdp-growth
VI. Baptista, Asdrúbal. El precio del petróleo y la importancia de las fuerzas de la oferta. Debates IESA. Volumen XVII, Numero 2, Abril Junio 2012.
VII. Datos obtenidos de a través del portal de Baker Hughes, véase: http://phx.corporate-ir.net/phoenix.zhtml?c=79687&p=irol-reportsother
VIII. Ver el trabajo de John Caicedo sobre la deuda disponible en: http://www.alemcifo.org/ArticulosHTML/articulo_deuda_jhon.html
IX. El subsidio a la gasolina es tan alto que ha generado un gigantesco contrabando de extracción afectando las finanzas de PDVSA. El aumento aunque sea necesario por el desangre de renta que significa, no dejaría de ser una forma en que los trabajadores paguen la crisis actual. Este tema será tratado posteriormente.
X. Ver el trabajo de Juan Villegas sobre las nuevas medidas en materia cambiaria, disponible en: http://www.alemcifo.org/ArticulosHTML/medidascambiarias.html.

martes, 3 de marzo de 2015

The Oil Price Collapse Is Not Just Another Bust Cycle

This time, it could be long-lasting—with dramatic consequences for the climate, the economy and the global balance of power.


Bahrain oil
An oil worker walks by a pump in Sakhir, Bahrain (Hasan Jamali/AP). 
Oil is the most valuable commodity in world trade, so any significant change in its price—whether upward or downward—has far-reaching economic consequences. Because oil also plays a pivotal role in world politics, such shifts can have equally momentous implications for international relations. It is hardly surprising, then, that the recent plunge in prices has generated headlines around the world. Many giant energy firms have announced massive cutbacks in employment and investment, and major producing countries like Russia and Venezuela have been forced to scale back government expenditures. While some analysts speculate that prices have now reached bottom and will soon begin climbing again, there are good reasons to believe that this descent is not just another cyclical event but rather the product of something far more profound and durable.
Before examining these factors, let’s consider the sheer magnitude of the price collapse. Last June, Brent crude was selling at about $115 per barrel, ensuring substantial wealth for the major oil corporations and oil-producing countries. Most analysts assumed, moreover, that prices would remain at this elevated level. As recently as October, for example, the Energy Information Administration of the Energy Department predicted that the average price of crude in 2015 would be $102 per barrel, about the same that it’s been for the past five years. Just three months later, Brent had fallen to as low as $46 per barrel, with some experts predicting a further slide into the $30s.
Why this sudden plunge in oil prices? That old mantra, supply and demand, is mostly to blame. The high prices of recent years have been driven, in large part, by ever-increasing demand from China and other rapidly developing countries of the Global South. Chinese consumption jumped from 7 million barrels per day in 2005 to 11 million in 2014; comparable increases were posted by India, Indonesia, Brazil and Saudi Arabia. Production increased to satisfy all this added demand, but not always fast enough to keep up—thus explaining those high prices. Over the past six months, however, the fundamentals have shifted. The economic doldrums in Europe and tepid growth elsewhere have resulted in less than expected levels of demand, while the flow of crude from America’s shale formations has reached flood proportions, producing a glut of supply and driving prices downward.
Historically, the major oil powers have responded to falling prices by reining in production, thereby constricting supply and reversing the slide—but not this time around. Saudi Arabia, which lost market share to its rivals after pursuing this strategy in previous price declines, has chosen to keep pumping at current rates. At the same time, several producers, including Iraq and Russia, have increased their output. But with the US market inundated with cheap domestic shale oil and demand shrinking elsewhere, the Saudis and their competitors have been forced to lower prices in order to attract customers in non-US markets. Some have speculated that the Saudis also hope that low prices will force the Russians into curtailing their support for the Assad regime in Syria; but retaining market share appears to be their principal objective.
Whatever the combination of factors at work, the plunge in prices is having far-reaching consequences. For countries that depend on oil revenue to finance government operations, the price collapse has already inflicted serious damage. Major producers like Mexico, Nigeria, Russia and Venezuela have announced budget cutbacks, significantly impairing the ability of these governments to implement favored domestic and international programs. Russia, for example, is under pressure to reduce its military expenditures, calling into question its ability to undertake major military operations in Ukraine or other peripheral regions. Mexico has announced a budget reduction of $8.3 billion, eliminating funding for prestige projects favored by President Enrique Peña Nieto, who is already facing strong popular opposition because of rampant corruption and lawlessness at the local level. The Venezuelan government, which has long relied on oil revenue to finance social programs aimed at lifting the status of the poor, is now scaling back its efforts—further eroding public support for the socialist government of Nicolás Maduro.
If prices remain at these depressed levels for any length of time, the consequences could prove even more severe. Although President Vladimir Putin continues to enjoy strong support from the Russian population for what is seen as his aggressive pursuit of Russian national interests in Crimea and Ukraine, this could change as the current economic downturn cuts deeply into people’s standard of living. The Iraqi government, which needs high oil prices to buy new weapons and bolster its army, is having to scale back its planned offensive against ISIS. The Nigerian government is also having trouble paying its soldiers and taking the offensive against rebel forces, in this case Boko Haram. While entrenched corruption (largely the product of misappropriated oil revenue) is a major part of Nigeria’s problem, the fall in prices is making things worse; some analysts now predict that a former military strongman, Muhammadu Buhari, will defeat incumbent Goodluck Jonathan in the forthcoming presidential election. Such upsets are likely in other countries that rely heavily on oil revenue, including Mexico and Venezuela.
The fall in prices has also affected the long-range plans of many major oil companies, especially those planning costly projects in “unconventional” producing areas, such as the Arctic, the deep oceans, Canada’s tar sands and US shale formations. These projects generally turn a profit only when oil sells for $70 to $90 or more per barrel—but prices that high are now considered unattainable for the foreseeable future. In January, for example, Royal Dutch Shell abandoned plans for one of the world’s largest petrochemical plants, the $6.5 billion Al-Karaana facility in Qatar, saying high construction costs and low oil prices had rendered it “commercially unfeasible.” Chevron has indefinitely shelved its plans to drill in the Beaufort Sea and withdrawn from its shale projects in Poland; BP is scaling back its operations in the North Sea, while Occidental Petroleum is curtailing its activities in Canada’s tar sands.
Much speculation has also arisen about the viability of drilling projects in US shale reserves. Most analysts believe that drilling in the most productive formations, notably Eagle Ford in Texas and Bakken in North Dakota, will continue as before, albeit at reduced levels; however, drilling in less productive “plays,” such as the Permian Basin in Texas and the Niobrara formation in Colorado, could slow down appreciably. A lot depends on the ultimate bottom level of oil: most independent drillers, it is said, can survive a price of $60 to $70 per barrel, but a sustained rate of $40 to $50 could kill off many of them. “For rivals on the periphery of Eagle Ford and Bakken, or with acreage in more frontier plays, [2015] will be a test of endurance,” observed John Kemp of Reuters. “Some will almost certainly fail or be taken over.”
Bust cycles like this have occurred before in the oil industry, most notably in the later 1980s and ’90s, when a glut of new production from Mexico, Saudi Arabia, the North Sea, West Africa and elsewhere depressed prices and discouraged investment in frontier regions. But eventually demand, much of it from China, overtook supply, again boosting prices. This, in turn, prompted investment in new technologies that permitted drilling in previously inaccessible or noncommercial areas. With demand continuing to grow, prices rose from as low as $10 per barrel in 1998 to the recent average of $100 (except for a sharp but temporary plunge after the financial crisis of 2008). It is reasonable to assume, therefore, that prices will again recover, as occurred in 2009.
Were prices to recover quickly, we would likely see a return to business as usual, with mammoth corporate investments in shale and other unconventional sources of crude. This, in turn, would result in rising carbon emissions and pervasive environmental destruction of the sort chronicled in Naomi Klein’s new book, This Changes Everything. It would also bolster the coffers of the giant oil companies and their government backers, enabling them to better resist efforts by environmentalists to curb the consumption of fossil fuels. But will this come to pass? Although some increase in prices is inevitable—given that the current cutbacks in investment will produce an eventual contraction in supply—a return to the $100-plus levels of recent years is by no means assured. This is so for several reasons:
First, the Chinese leadership is committed to slowing and eventually reducing the country’s emissions of carbon dioxide and other greenhouse gases. Although Beijing’s drive to reduce CO2 emissions will largely focus on coal, it is also seeking to retard the growth in China’s petroleum consumption. The leadership is also wary of becoming excessively dependent on imported oil, a trend that has led to increased—and often unwelcome—Chinese involvement in the politics of major supplying countries, such as Sudan and Ethiopia.
Second, automobiles in the United States are becoming increasingly fuel-efficient as a result of rules adopted by the Obama administration in 2012. If fully implemented, these rules will require that US-made cars achieve an average fuel consumption rate of 54.5 miles per gallon in 2025—nearly twice the current level. Although lower gas prices are likely to spur increased driving and rising sales of SUVs, the increase in fuel efficiency will result in diminished overall consumption.
Finally, we are likely to witness a worldwide shift from fossil fuels to green energy. As awareness of and concern over climate change grows, governments and individuals around the world will take steps to reduce their consumption of oil. This shift will take different forms—from government-imposed fuel efficiency standards and higher taxes to multiple individual decisions to replace conventional oil-driven cars with hybrids and all-electric vehicles—but will gain momentum as the climate changes. Oil will not disappear in this process, but the giant growth in demand needed to sustain $100-plus prices may never materialize.
Given all this, it seems rather unlikely that global oil demand will expand sufficiently in the months or years ahead to re-establish the high-price regime of recent years. Prices will rise, to be sure, but could stabilize at a level well below that needed to justify costly investments in unconventional sources of crude. We would, in essence, be entering a new epoch in which oil plays an ever-diminishing role in the global energy equation.
Should this prove to be the case, we can expect a welter of accompanying changes. Many oil companies will be forced to downsize, and to abandon plans for drilling in frontier areas. This in turn will bolster the argument posed by those favoring divestment from fossil fuels that these companies are sitting on large reserves of carbon that will never be exploited—“stranded assets,” as they’re called—making these companies a less attractive long-term investment. Reduced drilling in Alberta and the Arctic would also diminish the threat to the climate and the environment. Because natural gas prices are often pegged to the price of petroleum, moreover, lower oil prices will make gas cheaper—further clouding the future role of coal and nuclear power in generating electricity. Lower prices will also make biofuels and some other energy alternatives less competitive, but, by and large, the environment will be better off.
The global political scene will also be altered. In general, power will shift from oil-producing states like Iran, Russia, Saudi Arabia and Venezuela to consuming states like China, Japan and the United States. The producers, with their revenue sharply reduced, will be less capable of pursuing ambitious political endeavors, of whatever sort. The consuming states, on the other hand, will be spending less on imported petroleum and so should see an improvement in their domestic economies. This, in turn, could tempt them to adopt a more assertive stance in foreign affairs, with unforeseen consequences. The United States, for example, could be emboldened to increase its pressure on potential adversaries like Iran and Russia, knowing they are more vulnerable to economic sanctions—but risking a dangerous backlash in the process.
How all this will play out in the months ahead is impossible to foresee. But given oil’s importance to the world economy—and the prospect for a protracted period of low or moderate prices—we could see dramatic and lasting changes in the energy economy, the climate struggle and the global balance of power.

domingo, 1 de marzo de 2015

Venezuela, cine y petróleo: "¿Y dónde hay gasolina?" (2003)


Documental que describe eficientemente el ambiente que recorría a la ciudad de Mérida en el paro y sabotaje petrolero de 2002. El corto es una visión del conflicto en Mérida, sus distintos ángulos y contradicciones. Tiene la cualidad de que es el único registro de lo que fue la vida social durante el paro, su realización está hecha cuando se desarrollan los acontecimientos.

 

Dir: Realización Colectiva – Primeras Voces Cooperativa Audiovisual
Año: 2003
Dur: 15 min.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Venezuela, cine y petróleo: Assignament Venezuela (1956)

Assignament Venezuela. Sinopsis: Película de ficción producida por la Creole Petroleum Corporation en el año 1956, que muestra la misión de un ingeniero norteamericano en Venezuela. Se trata de un cortometraje de propaganda de la industria petrolera norteamericana en Venezuela. Duración: “24 min.”

 

viernes, 13 de febrero de 2015

El precio del petróleo: ¿es la China o la FED?

Alai

El actual desempeño del mercado petrolero emite una clara señal: la dramática caída en el precio del hidrocarburo cercana al 60% no tiene como origen a factores de oferta y demanda, sino a la especulación de los agentes financieros.


El vínculo entre la tasa de interés, el tipo de cambio y el precio de las materias primas prevé un escenario sombrío para Latinoamérica aun con el saldo favorable que podrían conjeturar algunos países.
Entre abril del 2011 y mayo del 2014 se observó una banda de fluctuación entre 118 y 91 dólares por barril en el precio promedio de las mezclas de petróleo. Empero, la tendencia giraba en torno a los 105 dólares hasta que, en junio del 2014, se inició el desplome que para Febrero del 2015 lo sitúa en los 48 dólares.
Los análisis del Banco Mundial (2015) destacan el aumento de la oferta mundial motivada por el acrecentamiento de la producción estadounidense, la alteración de la política de producción de la OPEP y el aminoramiento de los conflictos civiles en Libia e Irak; mientras que el bajo crecimiento del PIB en el G7 y la reducción del índice de intensidad energética (cantidad de energía gastada en generar un punto del PIB), afectan la demanda. Erradamente señalan a China como parte del problema de demanda.
El grafico anterior muestra que no es la caída del consumo energético chino la causa del desplome de los precios en el periodo 2013-2014. Teniendo una demanda asiática y una oferta mundial de hidrocarburos ascendentes, lo mínimo que se podría esperar sería un precio inalterado o creciente; situación contraria a la actual.
Desde diciembre del 2008 se intensifica la relación inversa entre la tasa de interés de los bonos gubernamentales estadounidenses y el precio del petróleo. Ahora que se prevé una tasa de interés más alta en Estados Unidos no sólo se piensa en un declive del consumo y la inversión en el mundo, también en la reconfiguración de los portafolios de inversión. La cronología entre el anuncio de la FED (por sus siglas en inglés) sobre el final adyacente del QE3[1] (marzo o julio, 2014), la caída del precio del hidrocarburo (junio 2014) y la apreciación del dólar americano desde julio del 2014 es irrefutable.
Para la región latinoamericana se advierte un shock externo como respuesta al triple arbitraje invertido: el efecto será favorable a las exportaciones no primarias, otorgado por la depreciación de las divisas de la región. El impacto sobre precios de importación tendrá un desenlace inflacionario, lo que llevará a un alza de la tasa de interés para contrarrestarla y, con eso, una baja del crecimiento. A su vez, el mayor rendimiento en Estados Unidos motivaría a subir más el rédito de los bonos públicos latinoamericanos para no perder reservas internacionales. De otro lado, la nueva inversión extranjera será menos sustantiva por los bajos precios de todos los commodities.
Un análisis básico de las eventuales consecuencias de la baja en el precio del hidrocarburo sobre las naciones de América Latina, debe considerar el nivel de protagonismo del petróleo en las exportaciones y en las finanzas públicas. Hay cuatro categorías de países: Gran Capacidad Exportadora de Energía (GCEE -Venezuela, Ecuador, Colombia, Trinidad y Tobago y Paraguay); Oferta Exportadora Menos Amplia (OEMA - Argentina y Bolivia); Déficits Energéticos Moderados (DEM- Brasil, México, el Perú, Guatemala y Haití) y Grandes Déficits Energéticos (GDE - Cuba, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Uruguay, República Dominicana, Panamá, Chile, Antillas Holandesas y Jamaica)[2].
México ya anunció un ajuste fiscal y Venezuela recién notificó el plan de cobranza a sus socios de Petrocaribe. Habrá que ver si, en efecto, los ganadores serán los importadores netos (DEM´s y GDE´s) o no. La impresión es que con monopolios del Estado, la pérdida es más grande, a la inversa del ciclo de auge.
Ante un mercado petrolero determinado ya no por la demanda china y la oferta mundial, sino por la especulación financiera y la tasa de interés establecida por la FED, ¿cuál es la secuela previsible para América Latina ante la caída persistente en el precio del hidrocarburo? No es aventurado pensar en un alza de la tasa de interés (para retener la inflación y la salida de capitales) y la disminución del gasto gubernamental por la pérdida de ingresos fiscales en todos los países, sobre todo lo petrolizados. A los importadores quizás les vaya mejor.
Oscar Ugarteche es economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA)www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org
L. David Segovia Villeda es miembro del proyecto OBELA, IIEc-UNAM. 


[1] NdE: QE - Quantitative Easing es un programa de Expansión/Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (FED) que inició en 2008.
[2]Palazuelos, E. (2009), El Petróleo y el gas en la geoestrategia mundial; Capítulo 3 “Estados Unidos: abastecimiento energético exterior y política internacional” (pp. 67-91); Capítulo 14 “Exportaciones de energía y capacidad de integración regional de América Latina” (pp.409-438) en Akal Editorial, Madrid, España.

viernes, 6 de febrero de 2015

Extractivismo delincuencial y la metástasis del capitalismo rentístico venezolano







Los enfoques tradicionales, mecanicistas y ortodoxos de la economía, que dominan y constituyen muy buena parte de esta disciplina, siguen siendo desbordados por la creciente expansión de las llamadas economías informales, ilegales o delincuenciales, que suelen aparecer como casos anómalos, marginales o fuera de esquema, pero que en la medida en la que reconfiguran las institucionalidades territoriales, las dinámicas de flujo del capital transterritoriales, y las formas de ejercicio de la soberanía nacional, van dando cuenta de transformaciones medulares en las formas de reproducción, apropiación y distribución de la riqueza en nuestra región y a escala planetaria.
Los indicadores económicos tradicionales, que miden generalmente grandes variables estandarizadas de escala nacional, tienden a hacerse cada vez menos útiles, no solo por sus omisiones y distorsiones contables inherentes (basadas en la externalización de costos sobre los trabajadores, pueblos del Sur Global, y la naturaleza), sino también porque no dan cuenta de cómo se configuran de manera cada vez más influyente, en regiones y zonas del sistema-mundo capitalista, redes de control territorial y de extracción de bienes comunes y trabajo que funcionan de manera delincuencial y corporativa, articulando mafias y grupos armados con empresas transnacionales y Estados. Se trata de un fenómeno que parece apuntar a procesos de feudalización del poder, lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿qué forma va tomando el capitalismo del siglo XXI? ¿Qué mecanismos se van institucionalizando para radicalizar la acumulación por desposesión?
Esta radicalización de las disputas territoriales, esta diversificación de las operaciones de extracción de bienes comunes, y las formas de un extractivismo delincuencial, en el marco de manifestaciones de caos sistémico y de una guerra mundial por los recursos, atraviesa a América Latina, y determina sus dinámicas geopolíticas. Uno de los cuatro proyectos políticos en disputa en la región en torno al acceso, la gestión y la apropiación de los bienes comunes para la vida –los llamados “recursos naturales”–, el uribismo1, opera e intenta expandirse como un extractivismo delincuencial, con modos territoriales de reproducción de la política de corte autoritario-mafiosos –en ciertos espacios, las históricas premisas referentes del Estado liberal moderno se diluyen–, con esquemas bárbaros de acumulación por desposesión, que responden fundamentalmente al proyecto geopolítico desesperado de los Estados Unidos, que ante su acelerada crisis hegemónica, parece apostar al caos global.
Esta lógica bélica es multifactorial y de «espectro completo» (A.E. Ceceña), por lo que el proyecto uribista para América Latina va más allá del control de un Estado específico de la región, dirigiendo fundamentalmente sus fuerzas a la penetración múltiple de territorios, de manera de carcomer sus tejidos sociales –tal y como ocurre en un organismo canceroso–, de transformar sus regímenes soberanos en favor de otros donde prevalezca la violencia desmedida, y donde la articulación del crimen organizado con instituciones políticas tradicionales y empresas transnacionales, buscan establecer de facto la síntesis de un nuevo orden territorial corporativo, que facilite y reconfigure el despojo y flujo de materias primas al mercado mundial. Este es el caso también de las estrategias contrainsurgentes que operan en las disputas territoriales y políticas que están en desarrollo en Venezuela.


Feudalización corporativa, despliegues múltiples del extractivismo delincuencial y operaciones de extracción en América Latina
A pesar de que el carácter delincuencial es constitutivo de la histórica acumulación capitalista, existen pues, alarmantes tendencias de una radicalización violenta del despojo en los territorios de la región, junto a procesos de feudalización corporativa del poder.
Si como lo evidenciara la agencia Reuters (2014), el cartel de los Caballeros Templarios ha exportado hierro a China desde el puerto de Lázaro Cárdenas (Michoacán)2; o bien como lo ha revelado un estudio que contratara la Contraloría General de Colombia, cárteles mexicanos como el de Sinaloa, establecen alianzas territoriales y adquieren minerales como el coltán o el oro extraídos por grupos criminales armados en Colombia, para luego ser vendidos a “negociadores mundiales” –donde participan empresas transnacionales–, aprovechando el gran poder de comercialización internacional que han adquirido dichos grupos a través del negocio de la droga3, ¿podríamos estar presenciando una reconfiguración de la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza, en la cual comienzan a establecerse de manera cada vez más importante, intercambios entre corporaciones delincuenciales de diferentes países, que ya no solo controlan una parte de las rentas y excedentes de las economías nacionales, sino también una parte del control de los recursos naturales en determinados territorios, y sus respectivos procesos de extracción?
No olvidemos la forma cómo el llamado «Estado Islámico» controla campos petroleros en Irak y Siria, junto a infraestructuras de refinación, pudiendo producir una cuota estimada entre 50.000 a 100.000 barriles diarios (2014), para comercializar una parte a precios más económicos de los del mercado internacional, y recibir un estimado entre 800.000 a 3 millones US$ diarios, con los que financian su expansión territorial4.
Otra expresión de estos procesos de feudalización la vemos en la relación entre la minería ilegal y los grupos armados y bandas criminales en Colombia, y su proporción con el total de la extracción minera en el país. Según, el Senador Germán Villegas Villegas (partido conservador), el 63% de estas actividades no tienen título minero, resultado de la ausencia del Estado en estos procesos de extracción5. Según una investigación de la Revista Semana (Marzo 2013), de las 51 toneladas de oro que exportó Colombia hasta septiembre de 2012, más de la mitad provenía de la minería informal. Aunque no se tienen cifras exactas de cuántas de estas explotaciones “informales” están articuladas a grupos armados en el país, la investigación expone que en 151 municipios de 25 departamentos convergen la minería ilegal y los grupos armados6.
Hablamos de que, adicionalmente a las cuantiosas sumas de dinero obtenidas directa o indirectamente de este negocio minero, en algunos lugares del país, los grupos armados controlan los propios procesos extractivos, su comercialización, y reproducen una institucionalidad territorial acorde a estas dinámicas. Por otro lado, en la llamada «minería gris» ―debido a que esta actividad se reproduce entre la legalidad y la ilegalidad―, estas economías delincuenciales lavan sus capitales por medio de inversiones en proyectos mineros formales7, lo cual adicionalmente contribuye a la ampliación del extractivismo.
El avance de estas formas económicas ―visibles también en los modelos mineros africanos―, en el marco de la expansión del extractivismo en la región, suponen una amenaza de ampliación de mecanismos bárbaros y sumamente depredadores en las disputas territoriales sobre el control y la gestión de los bienes comunes para la vida.
Venezuela ha sido permeada por estas dinámicas de manera muy compleja. Las disputas políticas en el país han estado profundamente atravesadas en los últimos años ―y con más intensidad después de la muerte del presidente Chávez en 2013― por operaciones masivas de extracción de bienes de consumo e incluso de producción, en formas de contrabando que en buena medida están motorizados por grupos delincuenciales. Según el presidente Nicolás Maduro, "Entre 30% y 40% de los productos del mercado nacional son desviados a Colombia por el contrabando"8, y quien fuera vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, afirmaba que el contrabando de gasolina a Colombia se traducía en una pérdida para el Estado venezolano de 100.000 barriles diarios de petróleo9.
La manera como la creciente estructuración de redes delincuenciales están generando formas de extracción que incluso no se dirigen sólo al consumo interno sino a comercios transfronterizos, ha tenido un severo impacto en los circuitos económicos del capitalismo rentístico venezolano, en la medida en la que intensifica la sed de divisas y productos importados propia del modelo rentista, presionando al Estado a un mayor endeudamiento externo para solventar los déficits, al aumento de sus cuotas extractivas (Faja del Orinoco, Arco Minero de Guayana), y/o a la flexibilización de su soberanía territorial respecto a las empresas multinacionales, quienes ante la situación deficitaria desean que se hipotequen los territorios y la naturaleza del país.
Si sumáramos los bienes de consumo fugados, los barriles de petróleo extraídos y no capitalizados debido al contrabando de gasolina transfronterizo, y le añadimos la enorme fuga de capitales de los últimos años en Venezuela, que también está vinculada en muy buena medida a estafas y la reproducción de economías delincuenciales10, lo que tendremos es una enorme cantidad de Naturaleza liquidada domésticamente –una expansión de su huella ecológica–, que ni siquiera responde a las exigencias de necesidades básicas de la población nacional, y mucho menos a inversiones para salir del modelo rentista/extractivista.
Los análisis sobre extractivismo deben reconocer que es probable que ciertas dinámicas de disputas territoriales y políticas estén mutando o se encuentren en expansión para América Latina, lo que supone que también pueden mutar los objetos del reclamo político, y por ende las estrategias de resistencias populares; y que las dinámicas de caos sistémico representa un enorme desafío epistemológico para estos análisis.

La metástasis del capitalismo rentístico venezolano
Hemos expresado que el capitalismo rentístico venezolano es un orden metabólico insostenible, y que desde hace unos 30-40 años los pilares de la sociedad rentista venezolana comenzaban a resquebrajarse, iniciando un período de desequilibrios estructurales que, con grados de severidad variables, se ha mantenido permanentemente hasta nuestros días11. Casi 100 años después del inicio de la explotación masiva de petróleo en el país, cabe preguntarse varias cosas: a) ¿cuáles son las capacidades endógenas actuales que posee el sistema para regularizarse y hacerse viable domésticamente?; b) ¿estamos pues, solo ante una crisis coyuntural o estamos viviendo los síntomas de una crisis estructural del modelo rentista venezolano?; y c) en perspectiva histórica, ¿qué era Venezuela antes del petróleo?, y ¿qué podría ser en el futuro, si se tratara de una crisis estructural del modelo petro-rentista?
Estamos ante el tercer impacto histórico del «efecto Venezuela»12 ―el primero se produce a partir de la década de los 20-30, y el segundo en la década de los 70― originado desde mediados de la década pasada (2000) con el boom de las materias primas. Sin embargo, hay una diferencia con los dos impactos anteriores: los efectos de este tipo de fenómenos de «enfermedad holandesa» se encuentran ahora con un orden metabólico-territorial entrópico, profundamente complejo, y con niveles muy altos de vulnerabilidad sistémica, lo cual se une a las condiciones actuales de disputa geopolítica y crisis civilizatoria.
2015 aparece para Venezuela como la bienvenida al desierto de lo real, cuando se hacen cada vez más nítidas las consecuencias de la reproducción expansiva del capitalismo rentístico y del accionar ilusorio del Estado Mágico: si el petróleo se cobra a 90 días, el avanzar del año nos aproxima a la realidad del hundimiento de los precios internacionales del crudo (38,82 US$ por barril al 30/01/2015), y a la desnudez de las contradicciones económicas y políticas del sistema. La cobertura de las importaciones se enfrenta adicionalmente con el monstruo de la deuda externa, y las fechas de pago establecidas para este año.
Pero esta situación crítica no responde solo a un problema de gestión política, o de estructuras caducas. El capitalismo rentístico hace metástasis, no sólo porque su orden metabólico es entrópico, por los efectos del “desarrollo” capitalista sui géneris que se ha producido en el país ―¿se trata de un metabolismo incontrolable? (I. Mészáros)―, sino también porque Venezuela se encuentra inmersa en una guerra biopolítica ―“la política es la continuación de la guerra por otros medios” (M. Foucault)― que abarca las instituciones, la territorialidad, los bienes comunes y la producción de subjetividad.
Se trata de una lógica cancerosa y corporativa, que alrededor de una disputa geopolítica por la renta, los territorios y los bienes comunes, y a partir de flujos extractivos de carácter delincuencial, va generando redes económicas corruptas, y sociabilidad e institucionalidad en torno a ellas, sea en espacios urbanos o rurales, y permeando incluso la propia actividad petrolera13; se desliza por medio de los rieles de la fragmentación social que produce el capitalismo, genera micropolíticas de la acumulación por desposesión; agrede permanentemente los entramados comunitarios existentes, las formas de solidaridad popular, las expresiones cooperativas que el proceso de la «Revolución Bolivariana» pudo haber creado o estimulado; despliega la corrupción a todas las capas de la sociedad; intenta carcomer pues, el proyecto constitutivo contrahegemónico, depositado primordialmente en el chavismo popular .
Los escenarios ante la agudización de la crisis del capitalismo rentístico son diversos. En todo caso existen varios factores de posibilidad que resaltar ante esto:
  • En Venezuela en estos últimos años, y a pesar de los continuos y marcados obstáculos, han germinado formas diversas de organización popular, que en muchos sentidos o ámbitos logran en sus prácticas estar más allá del capital. El desafío parece estar en su dificultad para articularse por sí mismos. ¿Podrían generar otras territorialidades en momentos de agudización de la crisis? ¿Cuáles son las posibilidades reales del ejercicio de un liderazgo colectivo?
  • Cada movimiento social y organización popular tiene su riqueza propia, tanto en términos materiales como inmateriales. Esta se torna en potencia política en la medida en la que se articula con las otras riquezas de las demás organizaciones territoriales y hermanas. En este sentido, es imperioso, incluso ante un posible período crítico, la propagación de economías de los comunes, sociales y solidarias. Redes y sistemas territoriales mediante los cuales, los diversos movimientos generen un inventario colectivo de bienes, saberes y servicios, y de necesidades, que se articulen en directorios comunes, cuentas comunes de intercambio y créditos, pensados desde valores de uso, que puedan ampliar la capacidad de autosuficiencia y los tejidos autónomos de la economía popular ante contingencias de carácter extraordinario.
  • Toda crisis representa una oportunidad. En el caso venezolano, además de interpelar los modos de vida imperial, abre las posibilidades de construir una narrativa propia, desde los movimientos, en los que también sea posible pensarnos más allá del petróleo, más allá del rentismo, más allá del capital.


* Emiliano Teran Mantovani es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG)



Fuentes consultadas
- BUTTER, David. Cómo Estado Islámico hace negocios con el petróleo. BBC Mundo. 26 septiembre 2014. Disponible en:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/09/140925_ataque_petroleo_ei. Consultado: [29-01-2015].
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- EL UNIVERSAL. Maduro: "Entre 30% y 40% de productos del mercado nacional son desviados". 12 de agosto de 2014. Disponible en:http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/140812/maduro-entre-30-y-40-de-productos-del-mercado-nacional-son-desviados. Consultado: [29-01-2015].
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- GALDOS, Guillermo. Knights Templar link to Mexico iron ore arrests. Channel 4. 07 MARCH 2014. Disponible en:http://www.channel4.com/news/mexico-knights-templar-la-tuta-iron-ore-lazara-cardenas. Consultado: [29-01-2015].
- GRAHAM, Dave. Ventas de mineral de hierro a China provocan choques con cartel de droga mexicano. Reuters. 2 de enero de 2014. Disponible en: http://lta.reuters.com/article/topNews/idLTASIEA0103D20140102. Consultado: [29-01-2015].
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- TERAN Mantovani, Emiliano. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013) . Rebelión. 21/10/2013. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/175965.pdf. Consultado: [21/10/2013].
- ULTIMAS Noticias.  Detuvieron a una alta ejecutiva de Pdvsa.  30/01/2015. Disponible en: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/sucesos/detuvieron-a-una-alta-ejecutiva-de-pdvsa.aspx. Consultado: [30/01/2015].
- VILLEGAS Villegas, Germán. La minería en Colombia en un alto porcentaje es ilegal. Congreso de la República de Colombia. 7 de marzo de 2013. Disponible en: http://senado.gov.co/sala-de-prensa/opinion-de-senadores/item/16562-la-mineria-en-colombia-en-un-alto-porcentaje-es-ilegal#. Consultado: [29-01-2015].
- VTV. Rafael Ramírez: El precio de la gasolina es una discusión que tenemos que dar (+Video). 16 de diciembre de 2013. Disponible en:http://www.vtv.gob.ve/articulos/2013/12/16/rafael-ramirez-el-precio-de-la-gasolina-es-una-discusion-que-tenemos-que-dar-6068.html. Consultado: [29-01-2015].
1  Sobre la base de una diferenciación política regional y una reivindicación de las soberanías popular-territoriales, planteamos la existencia de cuatro proyectos en disputa en América Latina, como lo son el Uribismo, el Lulismo, el Socialismo del Siglo XXI, y un proyecto popular pluricomunista a escala regional. Estos no son categorizaciones rígidas, sino que en cambio son proyectos porosos, agrietados, que se pueden solapar, en cierta forma articularse, o bien coexistir, negociar, o disputarse unos con otros en un espacio político determinado, que puede ser incluso un mismo país. Sobre esto véase: TERAN Mantovani, Emiliano. Las espirales del debate sobre extractivismo y los nuevos tiempos para América Latina .
2  Cfr. GRAHAM, Dave. Ventas de mineral de hierro a China provocan choques con cartel de droga mexicano. GALDOS, Guillermo.Knights Templar link to Mexico iron ore arrests.
3  Cfr. EL ESPECTADOR. Cartel mexicano de Sinaloa involucrado en minería ilegal en Colombia .
4  Cfr. BUTTER, David. Cómo Estado Islámico hace negocios con el petróleo . MOURENZA, Andrés. El negocio petrolero del Estado Islámico: la Yihad ingresa hasta tres millones diarios . EUROPA Press. El Estado Islámico gana 627 millones anuales con la venta de petróleo .
5  VILLEGAS Villegas, Germán. La minería en Colombia en un alto porcentaje es ilegal .
6  SEMANA. Minería ilegal: entre el oro y el crimen .
7  PULIDO, Alejandro. Mapeo de alternativas a la minería en Colombia .
8  En: EL UNIVERSAL. Maduro: "Entre 30% y 40% de productos del mercado nacional son desviados" .
9  En: VTV. Rafael Ramírez: El precio de la gasolina es una discusión que tenemos que dar (+Video) .
10  Sobre el problema de fuga de capitales en Venezuela, véase: SUTHERLAND, Manuel. Fuga de capitales (Venezuela y A.L.), fraudes, devaluación y la Estatización del comercio exterior .
11  Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013).
12  El llamado «efecto Venezuela» puede ser entendido de la misma forma que la «enfermedad holandesa», sin embargo, el primer impacto de la misma no puede ser única y necesariamente entendido como una “enfermedad holandesa” contemporánea, debido a que el progresivo ingreso masivo de divisas petroleras se encuentra, en este primer momento, con un metabolismo nacional particularmente agrario y campesino, lo cual generará una radical transformación de la territorialidad nacional. Los siguientes dos impactos del «efecto Venezuela» ya ocurren con un mayor “desarrollo capitalista”, y sus efectos tienen connotaciones cualitativamente diferentes.
13  Como un ejemplo de esto, véase el reciente caso: ULTIMAS Noticias.  Detuvieron a una alta ejecutiva de Pdvs a .